Crisis ígnea en Chubut: ya se perdieron 45 mil hectáreas de bosque
La provincia de Chubut atraviesa una catástrofe ambiental sin precedentes que mantiene en vilo a toda la región patagónica. Tras casi 60 días de combate ininterrumpido contra las llamas, el panorama es desalentador: el fuego ha devastado una superficie equivalente a dos veces la Ciudad de Buenos Aires.
Los equipos de emergencia luchan no solo contra frentes de fuego erráticos, sino contra un déficit hídrico histórico que ha transformado la vegetación nativa en combustible de fácil combustión, generando una herida profunda en el ecosistema que tardará décadas en sanar.
El impacto psicológico y físico en los brigadistas
La prolongación del conflicto ha llevado al límite la resistencia de quienes están en la primera línea. Según Radio Sudamericana, el presidente de la Federación Chubutense de Bomberos, Rubén Oliva, describió la situación como «angustiante» debido a la magnitud de las pérdidas naturales.
Oliva enfatizó que, aunque el recurso humano y el apoyo gubernamental están presentes, el desgaste físico es abrumador. Muchos de los voluntarios deben abandonar sus trabajos y emprendimientos personales por semanas, lo que suma una preocupación económica a la fatiga acumulada por las jornadas extenuantes en terrenos de difícil acceso.
Factores climáticos y la desmoralización del personal
El clima se ha consolidado como el principal obstáculo para el control de los siniestros. Las bajas probabilidades de precipitaciones y la persistencia de vientos que alcanzan ráfagas de 50 kilómetros por hora anulan los avances logrados durante el día.
«El trabajo que se hizo en un día desaparece y eso desmoraliza al personal», reconoció Oliva, quien destacó que se está brindando asistencia psicológica para ayudar a los brigadistas a lidiar con la frustración de ver sus esfuerzos borrados por el clima. A pesar de las altas temperaturas y la desolación de ver la naturaleza consumida, Oliva aclaró que, por el momento, no existen poblaciones civiles en riesgo inmediato.
Un futuro incierto para la recuperación del bosque
Las perspectivas a largo plazo son poco optimistas. La falta de humedad prevista para los próximos años dificultará cualquier intento de regeneración natural o artificial. Ante este escenario, la Federación ya comenzó a planificar campañas de reforestación estratégica, con el cuidado extremo de no introducir especies exóticas que alteren aún más el equilibrio biológico.
La preocupación mayor reside en el legado ambiental; Oliva lamentó que la acción del hombre siga siendo el factor más perjudicial y advirtió con tristeza que difícilmente las futuras generaciones puedan ver los bosques tal como existían antes de este trágico verano.




