La Argentina cumplió con sus pagos, tiene equilibrio fiscal, el Banco Central compra reservas y hasta cuenta con la garantía del tesoro americano para afrontar vencimientos. Sin embargo, el riesgo país se mantiene clavado en los 500/600 puntos, muy lejos de los niveles de la región.
¿Qué es lo que frena a los inversores? El economista Christian Buteler puso el dedo en la llaga y señaló las razones que explican por qué el mercado financiero mantiene sus dudas sobre el país, más allá de los logros macroeconómicos. Según Noticias argentinas.
En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, el analista mencionó la debilidad de la actividad, la caída de la recaudación en términos reales, el escaso margen fiscal para seguir ajustando y, sobre todo, un fantasma del pasado que todavía pesa: la gestión de Luis Caputo durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando colocó deuda en forma intensiva y los inversores internacionales «salieron todos perdiendo mucho dinero». En ese contexto, mientras el ministro de Economía sale a buscar financiamiento en el mercado local por hasta 2.000 millones de dólares, afuera las ventanillas siguen cerradas.
Las luces verdes: reservas, equilibrio fiscal y orden monetario
No todo son sombras en el diagnóstico de Buteler. El economista reconoció que el gobierno muestra señales positivas que, en teoría, deberían seducir a los inversores. El Banco Central «está comprando reservas», un dato clave para fortalecer las arcas de la autoridad monetaria y generar confianza en la estabilidad cambiaria. Además, «mantiene el equilibrio fiscal», el mantra que el oficialismo repite como garantía de que no habrá emisión descontrolada ni financiamiento monetario del déficit. Y, como consecuencia de lo anterior, «volvió a tener cierto orden monetario».
En el plano político, también hay motivos para el optimismo. El oficialismo «ganó elecciones, hoy logra pasar leyes, le sigue sacando legisladores a la oposición». Gobernabilidad no falta, al menos por ahora. Sin embargo, nada de eso alcanza para que el riesgo país se acerque a los niveles de Chile, Perú o Uruguay.
Las sombras: actividad floja, recaudación que cae y margen fiscal agotado
Pero el vaso tiene su lado vacío, y pesa. Buteler señaló que entre los agentes económicos puede estar pesando el hecho de que «ha aflojado la recaudación y cae en términos reales». Menos plata en las arcas del Estado significa menos capacidad de sostener el gasto sin recurrir a ajustes adicionales o, peor, a emisión.
Y ahí aparece el segundo problema: el margen fiscal se achica. «Ya hiciste la mayoría de los recortes posibles y ya no hay mucho. Siempre te puede quedar algo, pero es más marginal. Lo groso ya lo hiciste», advirtió el economista. Traducido: la motosierra ya pasó por lo más grueso y lo que queda por cortar es pelo fino, con menor impacto fiscal pero con alto costo político.
A eso se suma una «actividad económica que está floja más allá de lo que haya mostrado ayer el INDEC con el EMAE». El crecimiento del 4,4% en 2025 fue bienvenido, pero los datos de los últimos meses muestran un estancamiento que preocupa. Si la economía no despega, la recaudación no repunta y el ajuste ya no puede profundizarse, el cóctel puede volverse explosivo.
El factor Caputo: la deuda que dejó heridos en el mercado internacional
Pero hay un elemento que trasciende los números macro y se mete en el terreno de la psicología financiera: los antecedentes. Buteler mencionó como un factor que puede jugar en contra los «antecedentes de la Argentina y del propio Caputo».
El ministro de Economía ya tuvo su paso por el centro de la escena durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando «había colocado deuda en forma intensiva». Ese proceso, que en su momento fue celebrado como el regreso de la Argentina a los mercados internacionales, «terminó mal» y los inversores internacionales «salieron todos perdiendo mucho dinero».
Esa cicatriz no se borra fácil. Por más que el gobierno actual muestre señales de orden fiscal y monetario, los fondos que perdieron plata con los bonos argentinos en el pasado desconfían. «Los inversores todavía no confían más fuertemente» para converger a un riesgo país similar al de la región, sentenció Buteler.
La prueba del nueve: financiamiento local, no internacional
En los hechos, la desconfianza se traduce en una realidad concreta: hoy Caputo sale a buscar financiamiento en el mercado local por hasta 2.000 millones de dólares porque no puede emitir en la plaza internacional. Las puertas de afuera siguen cerradas o, en el mejor de los casos, entreabiertas con condiciones muy duras.
La Argentina hace los deberes, pero los inversores miran el cuaderno del año pasado. El equilibrio fiscal, la compra de reservas y el orden monetario son logros innegables, pero no alcanzan para borrar el fantasma de 2018, cuando la deuda en dólares se llevó puestas a las cuentas fiscales y a los inversores que confiaron en el país. Christian Buteler lo resumió con claridad: hay desconfianza en el ministro, hay desconfianza en los antecedentes y hay dudas sobre la sostenibilidad del ajuste. Mientras tanto, Caputo sale a pescar en aguas locales. Afuera, el mar sigue picado.




