Escuela 727 de Cholila: El motor solidario que asiste a los brigadistas.
En medio de una de las temporadas de incendios más severas que registra la región, la comunidad de Cholila ha encontrado su refugio y centro operativo en las aulas de la Escuela N° 727. Mientras los focos en Lago Rivadavia, Villa El Blanco y el Río Tigre mantienen en vilo a la cordillera, el establecimiento educativo ha suspendido su dinámica habitual para convertirse en el corazón logístico que sostiene a quienes arriesgan su vida frente a las llamas.
Un centro logístico entre pizarrones y donaciones
La transformación de la escuela es total: lo que antes eran salones de clase, hoy son depósitos organizados con precisión militar. Allí se clasifican borcegos, guantes homologados, cascos y herramientas que llegan desde diversos puntos del país.
Según Canal 4 Esquel, esta estructura permite que el flujo de insumos sea constante y eficiente, asegurando que cada cuadrilla cuente con el equipamiento necesario antes de subir al cerro. La solidaridad no solo se ve en la ropa de trabajo, sino también en un sector de farmacia especializado que prepara botiquines con colirios, barbijos y cremas para quemaduras, elementos vitales para combatir los efectos del humo y el calor extremo.
La cocina del pueblo: 250 viandas diarias para el frente
El sector más activo del edificio es, sin duda, la cocina. Bajo la coordinación de Zulma y un equipo de voluntarios que no conoce de francos ni horarios, se elaboran diariamente entre 200 y 250 viandas. El menú, que incluye desde milanesas hasta tartas y tortillas, es diseñado para brindar la energía necesaria a los combatientes.
«Esto va circulando todo el tiempo: vienen, llevan lo que necesitan y seguimos», relatan las voluntarias, quienes junto a docentes y jubilados mantienen la escuela abierta incluso durante el receso escolar, reafirmando el rol social de la educación pública.
Pensando en el día después de la tragedia
A pesar del esfuerzo actual, la preocupación de la comunidad ya trasciende la extinción del fuego. Los voluntarios y vecinos, movilizados por el impacto emocional del desastre, ya han comenzado a proyectar las necesidades de la reconstrucción.
La destrucción de alambrados, galpones y la pérdida total de campos de pastoreo anticipan un golpe productivo severo. Por ello, además de la asistencia inmediata, ya se gestionan colectas de fardos para los animales y materiales para reconstruir lo que el fuego se llevó, demostrando que en Cholila, la unión vecinal es la herramienta más fuerte contra la adversidad.




