¿Por qué Chubut no puede callar ante el «Cateo Collin» en Río Negro?
La habilitación de una zona de exploración minera en el Cerro Carreras, donde nace el Río Chubut, pone en jaque la seguridad hídrica de nuestra provincia. En plena emergencia, el silencio institucional de Chubut ante las decisiones de Weretilneck sería una claudicación histórica.

Mientras la provincia de Chubut intenta gestionar una crisis hídrica sin precedentes, con ríos en retroceso y comunidades rurales angustiadas por la falta de agua, del otro lado de la frontera provincial se ha encendido una mecha que amenaza con dinamitar el futuro de nuestra cuenca principal.
El gobierno de Alberto Weretilneck, bajo un manto de opacidad administrativa, ha dado luz verde al Expediente Nro. 50138-2025 («Cateo Collin»), otorgando a la empresa Tamar Mining SA el permiso para explorar casi 10 mil hectáreas en las nacientes del Alto Río Chubut.

Este no es un conflicto administrativo más entre provincias; es una amenaza existencial a la columna vertebral de nuestra geografía. El Cerro Carreras no es solo un punto en el mapa rionegrino: es el útero de donde brota el agua que bebemos, la que riega nuestras chacras y la que sostiene la vida en el Valle Inferior y la Meseta.
La contradicción del cianuro en plena sequía
Resulta cínico que el gobierno de Río Negro haya firmado, casi en simultáneo, un decreto de emergencia hídrica (40/2026) declarando el uso del agua como «prioritario y excluyente» para el consumo humano, mientras por la puerta de atrás habilita cateos en zonas de glaciares y ambientes periglaciares.
La minería metalífera a gran escala es una industria sedienta. No solo demanda volúmenes astronómicos de agua que hoy no sobran, sino que introduce el riesgo latente de contaminación con sustancias químicas en la zona más sensible del ecosistema. Si las nacientes se contaminan, Chubut recibe el impacto de forma directa e irreversible. El agua no reconoce fronteras políticas, pero sí sufre las negligencias gubernamentales.
Un silencio que aturde
Hasta el momento, la reacción oficial de las autoridades de Chubut ha sido, cuanto menos, tibia.
¿Cómo es posible que ante una autorización que afecta reservas estratégicas de agua dulce protegidas por la Ley Nacional de Glaciares, nuestra provincia no haya presentado un reclamo formal inmediato?
La falta de transparencia en el proceso —sin publicación oportuna en el Boletín Oficial y sin instancias de participación ciudadana— debería ser motivo suficiente para que la Fiscalía de Estado y el Ministerio de Ambiente de Chubut exijan el cese inmediato de cualquier actividad en la zona del Alto Río Chubut.
El precedente de la apropiación
El historial de las tierras en el Cerro Carreras, vinculadas a capitales extranjeros y fideicomisos opacos, demuestra que el avance minero es el último eslabón de una cadena de extranjerización y control de recursos estratégicos.

Las comunidades locales, como la Lof Cayunao, ya han denunciado cambios en la turbidez y espuma en el agua. Estas son señales de alerta que no pueden ser ignoradas por los despachos oficiales en Rawson.
Conclusión: Defender el origen
Chubut tiene una historia de lucha dignidad en defensa de su agua.
Permitir que una empresa minera meta el bisturí en los glaciares que alimentan nuestro río es hipotecar la subsistencia de las futuras generaciones.

No se trata de una disputa vecinal, sino de la defensa de un derecho humano básico. El gobernador de Chubut y sus legisladores deben entender que el Río Chubut nace en Río Negro, pero su vida es nuestra responsabilidad.
El reclamo debe ser enérgico, jurídico y político. Si las nacientes se tocan, el futuro de Chubut se seca.




