El escenario global alcanzó un punto de máxima tensión tras la confirmación de la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jamenei
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, calificó el ataque como una “cínica violación” de las normas internacionales y responsabilizó directamente a Estados Unidos por una acción que, según sus palabras, carece de moral y legalidad.
Una alianza estratégica bajo fuego
En un mensaje enviado a su par iraní, Masoud Pezeshkian, Putin describió al ayatolá como un actor fundamental en la consolidación de la alianza estratégica entre Moscú y Teherán. Para el Kremlin, este ataque no es solo una operación militar, sino una “agresión injustificada” destinada a forzar un cambio de régimen mediante la violencia, lo que empuja al mundo hacia un punto de desestabilización sin precedentes.
Según información analizada por medios como C5N, el eje Moscú-Pekín ya comenzó a moverse. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, mantuvo contactos de urgencia con su homólogo chino, Wang Yi, para coordinar una postura común que frene la escalada militar de Washington y Tel Aviv en territorio iraní.
El riesgo de una guerra abierta
Rusia advirtió que la actual ofensiva internacional ha ignorado las reglas básicas de convivencia entre Estados. La postura oficial del Kremlin refuerza su respaldo político a Irán en un momento donde las represalias con misiles balísticos ya impactan en bases estadounidenses.
Desde Moscú y Pekín, el reclamo es unánime: el cese inmediato de las hostilidades para evitar que la crisis derive en una confrontación regional de consecuencias imprevisibles para la economía y la seguridad global.




