El papa León XIV presidió el Viacrucis en el Coliseo y cargó la cruz.
En una jornada de profunda introspección espiritual y ante una multitud que colmó las inmediaciones del antiguo anfiteatro romano, el papa León XIV encabezó este Viernes Santo la tradicional conmemoración del Viacrucis. En un gesto que no se veía con tal asiduidad desde los tiempos de Juan Pablo II, el pontífice llevó personalmente la cruz a lo largo de las 14 estaciones, simbolizando un compromiso físico y espiritual con el sufrimiento de la humanidad en el contexto global actual.
Un gesto histórico bajo las antorchas del Coliseo
El escenario, cargado de simbolismo por el martirio de los primeros cristianos, recibió a unos 30.000 fieles que acompañaron el recorrido iluminado por antorchas. Al cargar la cruz durante toda la recreación de la vía dolorosa, León XIV se convirtió en el segundo Papa en realizar este acto de manera completa, emulando lo hecho por el santo polaco entre 1980 y 1994.
El evento, seguido por millones de personas a través de plataformas digitales y medios de comunicación, transformó las ruinas del Coliseo —concluido en el año 80 por el emperador Tito— en un epicentro de oración por la pasión, muerte y sepultura de Jesucristo, adaptando el mensaje bíblico a los desafíos del 2026.
Meditaciones desde Tierra Santa: Guerra y Poder
Las reflexiones que guiaron cada estación fueron redactadas por fray Francesco Patton, antiguo custodio de Tierra Santa. Sus textos evitaron las abstracciones para centrarse en una «fe encarnada» que reconoció el caos y el ruido del mundo moderno. «Como en el tiempo de Jesús, caminamos en un ambiente caótico, distraído y ruidoso», sentenció el fraile en sus escritos.
Un punto neurálgico de las meditaciones fue la interpelación directa a los líderes mundiales sobre el uso y abuso del poder. En un contexto internacional fracturado por conflictos persistentes, especialmente en Medio Oriente, se incluyeron referencias explícitas a quienes deciden sobre la guerra y la paz, recordando que toda autoridad deberá rendir cuentas ante Dios.
Oración por las víctimas de masacres y genocidios
La sensibilidad ante el dolor ajeno fue el eje de las plegarias más emotivas de la noche. Se elevaron oraciones pidiendo por las víctimas de la violencia sistemática: «Danos lágrimas, Señor, para llorar los desastres de las guerras, las masacres y los genocidios», expresaron los textos, haciendo un llamado urgente a no naturalizar el sufrimiento humano ni la degradación de la dignidad.
Al cierre de la celebración, el papa León XIV retomó el legado de san Francisco de Asís, instando a los cristianos a vivir la fe como un camino de comunión y amor. El pontífice renovó el compromiso de la Iglesia con la solidaridad, pidiendo que la devoción del Viernes Santo se traduzca en gestos concretos de entrega hacia los más postergados de la sociedad actual.




