La agónica clasificación de River Plate a la final del Torneo Apertura dejó un sabor agridulce en el cuerpo técnico liderado por Eduardo Coudet
El festejo por dejar en el camino a Rosario Central se vio opacado por una seguidilla de bajas médicas que encienden las alarmas de cara al partido decisivo de este domingo ante Belgrano en el Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba.
El parte médico que sacude al «Chacho» Coudet
La peor noticia de la noche en las semifinales se confirmó tras los estudios realizados a Sebastián Driussi. El delantero debió abandonar el campo de juego a los 13 minutos del primer tiempo tras una dura infracción. El diagnóstico médico arrojó un esguince en el ligamento colateral medial derecho, una lesión que lo margina por completo del partido por el título.
A esta baja se le suma la de Aníbal Moreno. El pilar del mediocampo millonario sintió un fuerte dolor en su rodilla derecha durante el complemento y, tras ser reemplazado, se le colocó hielo en el banco de suplentes. Los estudios posteriores ratificaron que tampoco estará disponible para viajar a Córdoba, dejando un hueco difícil de llenar en la contención.
Laterales al límite: el fantasma del desgarro y el Mundial
La preocupación mayor del cuerpo técnico radica en la zona defensiva, especialmente en los laterales titulares:
- Gonzalo Montiel: Había llegado al límite desde lo físico tras una sobrecarga en los cuartos de final ante Gimnasia. Frente a Central arriesgó, pero solo aguantó un tiempo (llegando a fallar un penal antes de salir). Los análisis clínicos confirmaron un desgarro en el cuádriceps izquierdo. La gravedad de la lesión no solo lo descarta para la final, sino que pone en serio riesgo su convocatoria y recuperación para el próximo Mundial.
- Marcos Acuña: El «Huevo» arrastra una sobrecarga en el isquiotibial derecho. Por precaución inició el último partido en el banco de relevos e ingresó solo en los minutos finales. Dentro del panorama adverso, es el único de los averiados que mantiene chances concretas de ser titular el domingo.
Las consecuencias de un calendario asfixiante
El origen de la crisis física de River encuentra su explicación en las estadísticas: el equipo disputó cinco partidos de alta intensidad en apenas 16 días durante mayo, sumando además un desgaste extremo con prórroga incluida en la llave de octavos de final ante San Lorenzo.
El panorama se vuelve aún más complejo si se mira el horizonte cercano. Tras disputar la final ante el «Pirata» cordobés, River deberá enfocarse inmediatamente en el cierre de la fase de grupos de la Copa Sudamericana, donde todavía pelea por asegurar el liderazgo del Grupo H, un objetivo que ahora deberá afrontar con un plantel notablemente diezmado.
