La Confederación General del Trabajo (CGT) encendió las alarmas este sábado al denunciar un escenario de “persecución y amenazas” contra el movimiento obrero, luego de un violento ataque con una bomba molotov contra la sede del Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento en la ciudad de Rosario.
El hecho fue calificado como de “extrema gravedad” y reavivó el debate sobre el clima de tensión que atraviesa al sindicalismo argentino.
La CGT advierte un clima de hostigamiento sindical
La conducción de la central obrera sostuvo que el ataque no puede analizarse como un episodio aislado, sino como parte de un contexto más amplio de presiones crecientes contra las organizaciones gremiales. Desde la CGT señalaron que existe un “clima de hostigamiento” que afecta directamente al movimiento obrero, en el que se combinan episodios de violencia con sanciones, multas y judicialización de la actividad sindical.
En ese sentido, remarcaron que este tipo de hechos no deben ser “naturalizados ni minimizados” por las autoridades, ya que impactan de manera directa en el funcionamiento de los gremios y en la representación de los trabajadores.
Según la información publicada, la denuncia fue dada a conocer por la central obrera en un comunicado difundido desde la histórica sede de la calle Azopardo, donde también se expresó preocupación por la escalada de conflictos.
Solidaridad con gremios y advertencia al Gobierno
La CGT expresó su solidaridad con los trabajadores del Sindicato de Dragado y Balizamiento, y extendió el respaldo a otros sectores sindicales como La Fraternidad y la UTA, que —según remarcaron— también han sido objeto de cuestionamientos y tensiones en el último tiempo.
En el mismo documento, la conducción integrada por Héctor Daer, Carlos Acuña y Pablo Moyano afirmó que el movimiento obrero “no se amedrenta ni retrocede frente a la persecución”. Además, advirtieron que ante cualquier intento de disciplinamiento responderán con “unidad, organización y defensa irrestricta de los derechos laborales”.
El episodio en Rosario, en ese marco, se convirtió en un nuevo punto de fricción en la relación entre sindicatos y distintos niveles de poder, en un contexto ya marcado por la conflictividad social y laboral.
