El escenario económico argentino atraviesa un cambio de paradigma impulsado por el subsuelo
Según el último informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral, la balanza comercial energética cerró el 2025 con un superávit histórico de u$s5.670 millones. Este resultado no solo marca un hito en la recuperación del sector, sino que proyecta un crecimiento exponencial que podría duplicar estas cifras en el corto plazo, consolidando al país como un exportador neto de hidrocarburos.
Vaca Muerta: El nuevo centro de gravedad de la economía
El desarrollo de los recursos no convencionales en la Cuenca Neuquina ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad industrial. Durante el último año, se registraron cerca de 23.900 etapas de fractura, y las proyecciones para 2026 apuntan a las 28.000, lo que representa un incremento operativo superior al 20%.
Este despliegue técnico permitió que la producción nacional de petróleo alcance los 906.000 barriles diarios. Lo más significativo es que el shale oil ya explica más del 66% de la producción total del país, confirmando que el petróleo convencional ha cedido su trono ante la eficiencia de los yacimientos no convencionales.
Gas natural y el fin de la dependencia externa
La revolución energética también se siente en el suministro de gas. La producción total subió un 11% interanual, alcanzando los 141,45 millones de metros cúbicos por día. En este rubro, el gas no convencional ya representa dos tercios de la oferta nacional.
Este incremento no solo garantiza el autoabastecimiento, sino que ha permitido una reducción drástica en la importación de Gas Natural Licuado (GNL), especialmente durante los meses de invierno. Gracias a este ahorro de divisas y al aumento de las exportaciones, el sector energético se ha transformado en una pieza fundamental para la estabilidad de las reservas del Banco Central y el equilibrio macroeconómico.
Desafíos estructurales para sostener el crecimiento
A pesar del optimismo, el reporte de la Universidad Austral advierte que para que el superávit se duplique es imperativo invertir en infraestructura de transporte. La expansión de gasoductos, oleoductos y redes eléctricas es el cuello de botella que la Argentina debe resolver para dar salida a la creciente producción.
Asimismo, el informe destaca que la previsibilidad regulatoria y la normalización tarifaria seguirán siendo ejes centrales para atraer los capitales necesarios. «La energía ha dejado de ser un simple sector productivo para transformarse en la principal herramienta de seguridad económica nacional», concluye el documento, subrayando que el país está ante una oportunidad histórica de desarrollo de largo plazo.
