Los principales organismos climáticos globales confirmaron que las temperaturas del océano Pacífico continúan en un ascenso sostenido, volviendo irreversible la llegada de El Niño para la segunda mitad del año
Expertos advierten sobre un escenario de riesgo estructural que exigirá respuestas preventivas inmediatas frente a la probabilidad de inundaciones y olas de calor anómalas en gran parte del territorio nacional.
El diagnóstico global de la OMM y el fantasma de 1997
De acuerdo con los últimos reportes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las probabilidades de que el fenómeno se consolide formalmente entre junio y agosto alcanzan ya un 80%, trepando al 90% para los meses subsiguientes. Si bien la intensidad exacta sigue bajo monitoreo, los modelos de proyección climática sugieren que se tratará de un evento de magnitudes moderadas a fuertes, potenciado además por el acumulado de emisiones de gases de efecto invernadero de las últimas dos décadas.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, remarcó la importancia de prepararse para un escenario potencialmente severo, recordando que un océano más caliente inyecta niveles críticos de humedad y energía a la atmósfera. En el plano local, el espejo más cercano de una variante extrema se remonta a 1997, un año recordado por reportes televisivos que mostraban campos santafesinos totalmente anegados y barrios porteños como Palermo bajo el agua tras registrarse lluvias que, en apenas 48 horas, duplicaban los promedios mensuales habituales.
Impacto regional y el mapa de las provincias más vulnerables
El meteorólogo argentino Pedro Di Nezio matizó las proyecciones al señalar que un «Súper El Niño» no es el escenario más probable por estos días, aunque descartó de plano un regreso de La Niña, lo que representa un alivio definitivo frente al riesgo de una nueva sequía generalizada en el sector agropecuario. No obstante, las consecuencias de un evento de alta intensidad atraviesan de manera transversal a la sociedad, amenazando la infraestructura de servicios básicos como la electricidad y elevando los riesgos sanitarios por golpes de calor y la proliferación de enfermedades vectoriales como el dengue.
Ante esta situación, la Agencia Federal de Emergencia (AFE) comenzó a activar mesas de preparación técnica para evaluar el impacto en la Cuenca del Plata. Las provincias identificadas con mayor vulnerabilidad hídrica y geográfica frente a las crecidas fluviales son Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe, cuyos comités de emergencia ya iniciaron reuniones de coordinación junto a especialistas del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Nacional del Agua (INA).
Falta de coordinación y el estado de las obras de prevención
A pesar de las advertencias internacionales y los movimientos en el litoral, la articulación de un plan preventivo integral a nivel nacional muestra respuestas dispares. Mientras países de la región como Perú y Brasil ya ejecutan presupuestos de emergencia y despliegan brigadas ambientales, en los principales distritos locales las acciones de infraestructura de fondo marchan a un ritmo lento o se respaldan en los esquemas de contingencia preexistentes.
En la Ciudad de Buenos Aires, las autoridades locales confían la respuesta al histórico Plan Hidráulico porteño y a su sistema de alerta temprana en Chacarita, aunque no se han comunicado pautas específicas vinculadas a este ciclo meteorológico. Por su parte, la provincia de Buenos Aires cuenta con el Plan de Prevención del Riesgo Hídrico en Ciudades enfocado en el conurbano bonaerense; sin embargo, de las 130 obras hidráulicas proyectadas para aliviar los canales y cuencas, poco más del 10% se encuentran efectivamente terminadas de cara al inicio del invierno.
