La aerolínea de bajo costo Flybondi enfrenta el escenario más complejo desde que inició sus actividades en el país
Con una flota paralizada casi en su totalidad y un descontento generalizado entre los usuarios, la firma low cost experimenta niveles históricos de cancelaciones que ponen en jaque su continuidad en el mercado aerocomercial argentino.
Un derrumbe operativo que afecta a miles de pasajeros
La realidad diaria de la compañía aérea se volvió crítica. Según datos privados del sector aeronáutico, la empresa llegó al extremo de cubrir sus rutas utilizando apenas dos aeronaves de toda su flota. Esta alarmante falta de capacidad física provocó que, en el último año, Flybondi acumulara más de 2.500 vuelos cancelados, una cifra que perjudicó de manera directa a cerca de 350.000 usuarios que compraron sus pasajes a ciegas.
La situación llegó a un punto límite en el Aeroparque Jorge Newbery, donde la firma operó durante jornadas enteras con un único avión activo. Con esa sola unidad se realizaron apenas cuatro viajes, mientras que otros 12 servicios programados debieron suspenderse por completo. En cuanto a la puntualidad, los registros marcan que apenas el 26,64% de los traslados se concretaron a horario, contrastando fuertemente con competidoras como Aerolíneas Argentinas o Jetsmart, que rozan el 90% de eficiencia.
Flota inmovilizada por falta de pago y millonarias deudas
El trasfondo de esta parálisis responde a severos inconvenientes financieros y de mantenimiento. Flybondi posee actualmente 11 aviones fuera de servicio, la mayoría de ellos inmovilizados por deudas de contratos de alquiler (leasing) con proveedores internacionales. Entre los casos más graves, se reportó que dos aeronaves enviadas a México para revisiones técnicas mayores no pueden regresar al país debido a un saldo impago que escala a los 5,5 millones de dólares.
Analistas de la industria advierten que el déficit estructural de la firma requiere una inyección urgente de al menos 25 millones de dólares para estabilizarse. No obstante, la ausencia de inversores dispuestos a asumir semejante riesgo financiero traba cualquier intento de normalización. A esto se le suma una cuestionable estrategia comercial consistente en vender pasajes por encima de su capacidad real para obtener ingresos anticipados, metodología que dinamitó la confianza regulatoria y del usuario.
Alertas de la ANAC y cambios urgentes en la cúpula
El impacto de esta crisis generó una fuerte migración de pasajeros hacia otras empresas en busca de previsibilidad y despertó la intervención de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC). El organismo regulador ya labró actas de infracción debido a las constantes reprogramaciones sin previo aviso.
Este turbulento panorama provocó un fuerte sismo dirigencial. Tras el cambio de control accionario en el que el grupo Cartesian cedió el mando a COC Global Enterprise, las promesas de expansión del directivo Leonardo Scatturice —quien pretendía llevar la flota a 35 aviones— quedaron truncas. En medio de sospechas y controversias comerciales, el histórico directivo Mauricio Sana abandonó la corporación, dejando el puesto clave de CEO en manos de Paz Lovisolo, quien ahora comanda una firma que vuela en medio de una tormenta perfecta.
