Un escalofriante crimen tiene en vilo a toda la Patagonia tras descubrirse la sangrienta trama detrás de la muerte de un vecino indefenso.
Lo que la sospechosa intentó maquillar desesperadamente ante la policía como una drástica decisión personal terminó desmoronándose en pocas horas debido a groseros errores en la escena del crimen y a las severas limitaciones físicas que padecía la víctima, dejando al descubierto un plan criminal de extrema crueldad.
Sangre en el cuello y mentiras: el macabro hallazgo policial en el barrio Suelco
La apacible madrugada en la cordillera chubutense se transformó en el escenario de una pesadilla. Durante las primeras horas del viernes 10 de julio de 2026, entre las 3 y las 4 de la mañana, una comitiva policial arribó de urgencia a una propiedad ubicada en el barrio Suelco de Esquel tras recibir una alerta de emergencia. Al llegar al lugar, los uniformados fueron recibidos por la pareja del dueño de casa, quien con total frialdad aseguró que el hombre se había autolesionado. Sin embargo, al ingresar al inmueble, los efectivos se toparon con una escena dantesca: Nelson Walter Ayilef Millapan se encontraba sentado en una silla, casi sin signos vitales y con una profunda y brutal herida cortante en el cuello que le provocaba una hemorragia masiva. Minutos más tarde, los médicos constataron su deceso.
La versión del presunto suicidio comenzó a desplomarse de forma inmediata para los peritos. Los investigadores recolectaron evidencias contundentes que descartan de plano la hipótesis de la mujer. El arma blanca utilizada para el ataque fue hallada escondida a unos 15 metros del cadáver, sin ningún rastro de haber sido arrastrada hasta allí por el fallecido. El giro definitivo que sepultó la mentira de la sospechosa radica en la salud de la víctima: Millapan sufría una severa afección cervical previa que le provocaba una limitación motriz total en su brazo derecho, lo que hacía anatómicamente imposible que pudiera autoinfligirse un corte tan preciso y letal en la parte posterior derecha del cuello.
Maltratos, control de su jubilación y seis meses tras las rejas por alevosía
Detrás del sangriento desenlace se escondía un calvario de sometimiento crónico. La víctima era un jubilado rural de 68 años, de contextura física pequeña, con serias dificultades para caminar y que además batallaba contra el alcoholismo. Según los testimonios recolectados entre los vecinos de la zona por los fiscales Ezequiel Forti y Julián Forti, la imputada ejercía graves maltratos físicos y psicológicos sobre el anciano, al punto de haberle retenido de forma ilegal toda su documentación personal para administrar y quedarse con sus haberes jubilatorios. Para colmo, testigos aseguraron que tras cortarle el cuello, la mujer adoptó una conducta totalmente distante, negándose a colaborar o a facilitar elementos médicos mínimos para asistir al jubilado mientras este se desangraba en la silla.
La situación procesal de la acusada es sumamente complicada tras celebrarse la audiencia de apertura de investigación. La fiscalía le imputó el delito de homicidio doblemente agravado por el vínculo de pareja y por haber sido cometido con alevosía, una calificación que prevé como única salida la prisión perpetua. El juez de la causa declaró completamente legal la detención y ordenó que la mujer sea trasladada de inmediato al Instituto Penitenciario Provincial (IPP). El magistrado fundamentó la medida al considerar que existe un alto peligro de fuga por la gravedad de la pena y un evidente riesgo de entorpecimiento, ya que se comprobó que intentó ocultar el arma y que podría amenazar a los testigos claves del barrio, razón por la cual la acusan de matar a su pareja e intentar hacerlo pasar por suicidio: seguirá presa seis meses en una celda de aislamiento mientras concluyen las pericias.
