La magnitud de la catástrofe natural que golpeó a Venezuela sumó un impactante análisis técnico-científico por parte del Ejecutivo nacional
El Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología difundió este lunes un informe donde revela que los devastadores terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados el pasado 24 de junio liberaron una cantidad extraordinaria de energía, equiparable a la detonación en simultáneo de cientos de armas nucleares.
El documento oficial, que lleva la firma de la titular de la cartera científica, Gabriela Jiménez Ramírez, explica que la liberación de fuerza subterránea e interna se asemejó a la explosión de millones de toneladas de trinitrotolueno (TNT).
La escala del desastre: El paralelismo con Hiroshima
Para dimensionar el evento geológico que afectó la estructura urbana del país, el ministerio trazó una comparación histórica basada en la energía liberada por los bloques de la falla:
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Primer sismo (Magnitud 7,2): Desató una fuerza equivalente a unas 63 bombas atómicas como la arrojada sobre la ciudad de Hiroshima en 1945.
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Segundo sismo (Magnitud 7,5): Ocurrido menos de un minuto después del primero, multiplicó el impacto liberando un equivalente cercano a 178 bombas atómicas.
Fricción, calor y la imposibilidad de predecir sismos
La ministra Jiménez Ramírez aclaró desde el punto de vista físico que la energía que la población percibió en la superficie —aquella que se propaga en forma de ondas sísmicas y produce el violento movimiento del suelo— «representa solo una fracción de la energía total liberada durante el proceso de ruptura de la falla geológica».
De acuerdo con las evaluaciones de los expertos del ministerio, una gran proporción de esa energía bruta se disipa de manera subterránea en forma de calor extremo, debido a la intensa fricción generada entre las placas de roca, mientras que otra parte considerable es absorbida por la propia corteza terrestre al deformarse y fracturarse.
Finalmente, el informe técnico de la cartera de Ciencia y Tecnología buscó concientizar a la población civil respecto a los mitos de la sismología, recordando que los estudios científicos internacionales ratifican que «ningún fenómeno individual permite predecir un terremoto» con antelación, y que la intensidad de las réplicas continúa variando considerablemente según las características del terreno.
