El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, criticó con severidad la decisión del Gobierno de los Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, de restablecer aranceles a las importaciones provenientes del país sudamericano
En una columna de opinión publicada en el diario The Washington Post, el mandatario brasileño calificó la medida como un «error estratégico» y advirtió que la política proteccionista de Washington terminará por perjudicar a ambas economías.
Lula sostuvo que América Latina «no necesita portaaviones rondando sus aguas ni castigos tarifarios», sino «socios confiables y predecibles», señalando que las industrias brasileñas buscarán sustituir proveedores estadounidenses por otros aliados comerciales en el mercado global.
Críticas a la política exterior y defensa de la soberanía digital
En su artículo, el jefe de Estado brasileño cuestionó el intento de imponer condicionamientos ideológicos en las relaciones bilaterales y rechazó los argumentos utilizados por la Casa Blanca para justificar las barreras comerciales. En ese sentido, defendió las regulaciones sobre las plataformas digitales al señalar que «la libertad de expresión no es carta blanca para la criminalidad» y ratificó la decisión de proteger a la población frente a la influencia de las corporaciones tecnológicas.
Asimismo, remarcó que los proyectos de división geopolítica y búsqueda de recursos bajo esquemas neocoloniales representan «gestos anacrónicos» que contrastan con los acercamientos de otros actores internacionales hacia la región.
Diálogo sin subordinación y principio de reciprocidad
Si bien dejó abierta la posibilidad de aplicar medidas de reciprocidad comercial, el presidente de Brasil aclaró que priorizará el diálogo constructivo con la administración norteamericana, entendiendo que diversos sectores productivos locales prefieren evitar una escalada de represalias impositivas.
No obstante, Lula concluyó su pronunciamiento ratificando la autonomía de su país: «Estamos listos para continuar dialogando de manera abierta y constructiva. Pero el destino de Brasil compete solo a los brasileños, sin interferencia externa ni subordinación».