La reanudación de las hostilidades dinamitó el frágil entendimiento diplomático vigente y provocó una dura advertencia del líder supremo iraní, el ayatollah Mojtaba Jamenei, quien amenazó a la administración de Donald Trump con una respuesta militar de magnitudes inéditas.
El conflicto, que superó los niveles de confrontación previos al alto el fuego de abril, mantiene en vilo a la comunidad internacional por la progresiva expansión de los blancos hacia infraestructuras civiles y energéticas clave en la región.
Ofensiva militar estadounidense y la advertencia de Teherán
El ejército norteamericano confirmó la ejecución de una serie de bombardeos nocturnos sobre posiciones estratégicas en territorio iraní. De acuerdo con los reportes oficiales de Washington, las incursiones destruyeron instalaciones de vigilancia, infraestructura logística militar, depósitos subterráneos de armamento y centros de operaciones marítimas, asegurando no haber apuntado a blancos civiles.
La respuesta de Teherán no tardó en manifestarse a través de un discurso oficializado por el ayatollah Mojtaba Jamenei en la televisión estatal. El líder religioso dio por quebrado el pacto del pasado 17 de junio y apuntó contra el mandatario norteamericano:
“Ahora que el enemigo busca incitar a la guerra (…), debe saber que la querida nación iraní y el frente de la resistencia tienen lecciones inolvidables que ofrecerle”, sentenció Jamenei, añadiendo que la reanudación de las operaciones demuestra que “la firma del presidente estadounidense no vale nada”.
En paralelo, las autoridades de Irán denunciaron los impactos de la ofensiva en su propio territorio. La ministra de Carreteras y Desarrollo Urbano, Farzaneh Sadegh, acusó al gobierno estadounidense de atacar de forma deliberada rutas estratégicas y vías de comunicación. Asimismo, en la provincia de Hormozgán —sobre el estrecho de Ormuz— se constató la destrucción total de una estación de bombeo de agua de mar y de un transformador eléctrico.
Irán extiende sus ataques hacia Kuwait
Por segundo día consecutivo, la estrategia militar de Irán rompió el perímetro de las bases militares estadounidenses y se focalizó en golpear la infraestructura civil de Kuwait. El gobierno kuwaití denunció que los impactos dañaron severamente una terminal petrolera, desataron incendios de gran magnitud y obligaron a paralizar las operaciones de una central eléctrica y de una planta desalinizadora de agua.
El Palacio de Gobierno de Kuwait condenó enérgicamente las agresiones a las que calificó como “repetidos ataques contra instalaciones vitales”, sosteniendo además que estas acciones evidencian “una actitud hostil sistemática” que pone en riesgo directo la seguridad y el abastecimiento de su población civil.
Esta nueva fase del conflicto materializa las advertencias recientes de Donald Trump, quien había anticipado ataques explícitos a puentes y centrales eléctricas si Irán no cedía a retomar las mesas de negociación, alejando por el momento cualquier salida diplomática en el corto plazo.
