El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, confirmó su candidatura para buscar una nueva reelección en los comicios previstos para el 28 de febrero de 2027. El mandatario afronta este escenario político con un panorama ampliamente favorable.
De obtener la victoria, Bukele gobernará de manera ininterrumpida hasta el año 2033. Esto es posible tras una reforma constitucional que habilitó la reelección indefinida y amplió el mandato presidencial de cinco a seis años.
A siete años de haber llegado al poder, el jefe de Estado mantiene una imagen positiva del 93%. Además, registra un respaldo del 98% a su política de seguridad, según una encuesta de la consultora CID Gallup. Su estrategia contra las pandillas es señalada por sus seguidores como el motivo principal de su alta popularidad. Dicha estrategia se basa en un prolongado régimen de excepción y detenciones masivas.
Críticas internacionales por derechos humanos
A pesar del fuerte apoyo interno, diversos organismos internacionales cuestionan con dureza la política de seguridad implementada en el país centroamericano. Amnistía Internacional denunció que más de 90.000 personas fueron detenidas de manera arbitraria. Asimismo, la organización aseguró que cientos de detenidos murieron en prisión, hechos que calificó como posibles «crímenes de lesa humanidad».
Por su parte, los especialistas en política regional observan con cautela el proceso electoral debido a las condiciones del sistema político local. Para el analista de Crisis Group, Víctor Aguilar, el escenario electoral favorece ampliamente al mandatario debido a la debilidad de la oposición y al deterioro de las garantías institucionales. En ese contexto, el especialista consideró que la elección presidencial se perfila más como una formalidad que como una competencia en igualdad de condiciones.
Reformas constitucionales y el impacto regional del modelo
La posibilidad de una nueva postulación se consolidó mediante una serie de cambios legales sucesivos. Un fallo judicial en 2024 permitió a Bukele presentarse nuevamente de forma inicial. Luego, en 2025, el Congreso eliminó definitivamente los límites a la cantidad de mandatos consecutivos. La reforma integral también suprimió la segunda vuelta electoral y modificó la duración del período presidencial.
El modelo de seguridad impulsado por Bukele comenzó a influir de forma directa en otros países de América Latina. Gobiernos y dirigentes de naciones como Ecuador, Honduras y Colombia adoptaron o propusieron estrategias de «mano dura» inspiradas en la experiencia salvadoreña. Sin embargo, diversos especialistas advierten que el éxito político de este modelo depende de las realidades internas y las capacidades institucionales de cada país.
