Geólogos del CONICET advierten que la acumulación de energía en fallas activas de la región occidental puede derivar en terremotos de gran magnitud, aunque aclaran que la tecnología actual no permite anticipar cuándo ocurrirán
Geólogos e investigadores del CONICET confirmaron que Argentina cuenta con las condiciones geológicas necesarias para registrar un sismo de entre 7 y 7,5 grados de magnitud. Sin embargo, los especialistas enfatizaron que esto no constituye una predicción con fecha exacta, ya que la ciencia carece de herramientas para determinar el momento en que se liberará la energía. El geólogo e investigador del CONICET Andrés Folguera sintetizó la naturaleza impredecible de estos fenómenos como «una cuestión de tiempo y azar».
Por su parte, el geólogo Javier García estimó viable la ocurrencia de un evento de tal escala dentro del margen geológico, pero subrayó que la advertencia no debe interpretarse como un pronóstico inminente sobre un día o momento específico.
Las zonas de mayor riesgo y los tipos de sismos
La probabilidad de registrar movimientos telúricos de alta intensidad se concentra fundamentalmente en la región occidental del país. Si bien Mendoza y San Juan encabezan las áreas de mayor potencial sísmico, la presencia de fallas activas capaces de acumular y liberar energía se extiende a otras provincias como Salta, Catamarca, La Rioja y Córdoba.
Los especialistas explicaron que no todos los sismos que impactan en el territorio responden a la misma dinámica:
-
Subducción de placas: Fenómeno vinculado principalmente a la interacción tectónica que afecta a Chile.
-
Intracorticales: Movimientos generados dentro de la propia corteza terrestre, un mecanismo frecuente en Mendoza y San Juan.
La profundidad del epicentro y la importancia de la prevención
La geóloga Laura Beatriz Giambiagi, investigadora del IANIGLA-CONICET, explicó que la profundidad es determinante para evaluar el nivel de daño, siendo los sismos superficiales los más destructivos. En este sentido, detalló que Mendoza comparte con países como Venezuela la presencia de fallas que generan movimientos a escasa profundidad, entre los 10 y 15 kilómetros.
Folguera precisó que las estructuras tectónicas «se desplazan todos los días» de forma imperceptible, pero esa acumulación de deformación durante décadas puede liberarse bruscamente en desplazamientos de medio metro a un metro, desencadenando terremotos de magnitud superior a 6,5.
Mendoza cuenta con un importante historial sísmico tras los grandes eventos de 1861, 1977 y el del 26 de enero de 1985, considerándose este último el más destructivo de la historia reciente de la provincia. Ante esta realidad, los científicos coinciden en que la incertidumbre temporal no invalida la acción: mapear las fallas activas es crucial para aplicar estrictos criterios de construcción antisísmica y diseñar planes de respuesta ante emergencias.
