La salida de Belén Agudiez de la Subsecretaría de Planificación General desató un verdadero terremoto político en las entrañas del Gobierno.
Aunque en los papeles oficiales se justificó su paso al costado por «motivos personales», detrás de escena se esconde una densa trama de malestar, desconfianza acumulada y graves sospechas que terminaron por desgastar su vínculo con la conducción libertaria.
Filtraciones, desconfianza y la reorganización de la Quinta de Olivos
Agudiez, una figura del entorno estrecho de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, tenía a su cargo la planificación de los servicios para la Secretaría General, además de la administración de la Casa de Gobierno, Chapadmalal y la Residencia Presidencial de Olivos. Pese a que hasta el último viernes intervino en modificaciones dentro de la quinta, su posición ya estaba severamente comprometida tras el desplazamiento de su cuñado, Osvaldo Javier Sosa, quien se desempeñaba como «intendente» del predio presidencial.
Fuentes cercanas al funcionamiento de Olivos afirmaron que «siempre todo es acumulativo» y que «la salida es algo más profunda». Desde el oficialismo le atribuyen a la exfuncionaria la responsabilidad por diversas filtraciones de la dinámica interna a la prensa, un factor determinante que aceleró el quiebre de la confianza. Esta renuncia se dio en simultáneo con una drástica reestructuración que incluyó la disolución de la Administración General de la Residencia de Olivos, el despido de 12 trabajadores y la centralización del control de la seguridad a cargo de la Casa Militar.
Acusaciones cruzadas, el dardo de Marra y la respuesta del Gobierno
El vínculo entre Agudiez y Karina Milei se remontaba a 2021, cuando la exfuncionaria se distanció de Ramiro Marra —quien la había insertado en el espacio libertario— para pasar a cumplir tareas directas de asistencia. No obstante, desde Balcarce 50 aclararon que Agudiez «cumplía un rol de secretaria» y no de «mano derecha en términos de gestión».
Tras oficializarse su baja mediante una resolución en el Boletín Oficial, las repercusiones internas no tardaron en estallar. Marra lanzó un categórico mensaje en la red social X al publicar: «Roma no debe pagar a traidores». En paralelo, la diputada Marcela Pagano la acusó públicamente de utilizar personal y mercadería de la Quinta de Olivos para beneficio de su empresa privada de catering. Frente a estas denuncias, desde Casa Rosada le bajaron el tono a la polémica y señalaron que, si la legisladora posee pruebas concluyentes, debe ponerlas a disposición de la Justicia. Mientras tanto, el cargo permanece vacante a la espera de que esta semana se defina a su sucesor.
