El presupuesto de los hogares argentinos atraviesa un punto crítico sin precedentes. Un alarmante estudio elaborado por el think tank Fundación Pensar (Pensar Argentina – Octubre 2026) reveló que la irregularidad bancaria de las familias alcanzó un pico histórico del 12,9% en julio de 2026.
La cifra expone un deterioro vertiginoso en la capacidad de pago, ya que representa más del doble del 5,6% anotado en el mismo mes del año previo. Si bien el informe indica ligeras señales de desaceleración en el ritmo de caída, las autoridades del centro de estudios aclararon que esto dista de significar una normalización del escenario financiero familiar.
Financiarse para comer: el consumo con tarjeta de crédito y préstamos al límite
El sobreendeudamiento se disparó principalmente en las líneas orientadas al consumo cotidiano. Los préstamos personales encabezan la morosidad con un nivel de irregularidad del 16,7%, seguidos de cerca por las tarjetas de crédito, que registraron un 12,8%. En contraposición, los créditos prendarios mostraron un incumplimiento del 8,1%, mientras que los préstamos hipotecarios se mantuvieron en niveles mínimos del 1,6%. Este fenómeno ocurre en un contexto de persistente inflación —donde se anticipa que el IPC de septiembre rondó el 2% impulsado por alimentos—, lo que obligó a amplios sectores a acudir al financiamiento para cubrir gastos esenciales y consumo corriente ante la pérdida de poder adquisitivo.
La radiografía de la crisis económica cotidiana se profundiza al observar una encuesta nacional de la consultora Casa Tres citada en el relevamiento. El 58% de los consultados reconoció que algún integrante de su hogar solicitó un préstamo, usó crédito o financió compras en los últimos meses. Respecto a la finalidad del dinero, el 26% lo destinó de forma prioritaria a la compra de alimentos, el 21% a gastos cotidianos de la vivienda, el 15% al pago de impuestos, servicios u otras obligaciones, y un 14% a tapar o cancelar deudas previas.
Atrasos generalizados, fuerte brecha social y alto impacto en los jóvenes
El estudio detalló además que el 54% de los encuestados admitió haberse atrasado o haber dejado de pagar alguna obligación por motivos monetarios en el último tiempo (aclarando que este porcentaje contempla facturas y servicios corrientes, a diferencia del registro estricto de mora bancaria del BCRA). Entre quienes reportaron atrasos, el 46% incumplió en el pago de servicios públicos, el 36% en las tarjetas de crédito y el 33% en préstamos o deudas generales. La dificultad financiera golpea con crudeza según el nivel socioeconómico: afectó al 72% en los sectores de menores ingresos, descendió al 43% en la clase media y se ubicó en el 30% en los segmentos de altos ingresos.
Los jóvenes resultan la franja etaria más vulnerable ante el ahogo financiero. Dentro del universo de deudores, el 37% de las personas de entre 18 y 25 años se encuentra en mora, mismo porcentaje (37%) que abarca a los adultos de 26 a 35 años. La tasa de morosidad disminuye de manera gradual a medida que avanza la edad, hasta tocar el 16% entre los mayores de 66 años. A pesar del preocupante panorama, Fundación Pensar puntualizó que el fenómeno no implica un riesgo sistémico ni una crisis bancaria, dado que el Banco Central (BCRA) cuenta con previsiones del 87,6% para la cartera irregular y una integración de capital equivalente al 30,5% de los activos ponderados por riesgo. Para frenar una exclusión financiera permanente, el informe concluye que el desafío urgente pasa por articular la recuperación del crédito con ingresos sostenibles, prevención del sobreendeudamiento y mecanismos transparentes de regularización.
