Productores denuncian que la desregulación oficial pulverizó la rentabilidad.
El sector yerbatero de la región mesopotámica atraviesa uno de los momentos más dramáticos de su historia reciente,acorralado por una profunda devastación económica que pone en absoluto riesgo la subsistencia de unas 50.000 familias agricultoras.
Colapso financiero en la chacra, costos dolarizados y salarios de miseria
Este crítico panorama se agudizó de manera drástica tras la desregulación de las funciones del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), impulsada por la administración de Javier Milei, que eliminó la potestad del organismo estatal para fijar precios mínimos de referencia obligatorios.
Mientras la cosecha acumulada en 2026 registra una retracción interanual superior al 5% y miles de pequeños productores enfrentan deudas agobiantes o se ven forzados a migrar temporalmente a países vecinos en busca de ingresos de subsistencia, las autoridades nacionales defienden el esquema de libre mercado bajo el argumento de una supuesta baja en los precios al consumidor y un incremento en el volumen de las exportaciones globales.
El presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte (ACPYN), Julio Petterson, trazó un diagnóstico alarmante sobre la rentabilidad y el funcionamiento real de la actividad productiva en la provincia de Misiones. El dirigente rural advirtió que las condiciones actuales obligan a trabajar sistemáticamente por debajo de los costos de producción, en un contexto castigado por la inflación y los reiterados incrementos en las tarifas de los combustibles.
«Nosotros tendríamos que estar revendiendo hoy un kilo de yerba a mínimo a 630, 640 pesos el kilo de hoja verde, teniendo en cuenta los costos de producción, la inflación y las últimas subas», enfatizó Petterson, al sentenciar que hoy en día producir equivale estrictamente a fundirse. Como núcleo central de esta debacle, apuntó de lleno contra el impacto del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 23/70, calificándolo como un certificado de defunción para los chacareros.
Brecha insostenible, migajas frente a exportaciones y la caída histórica
Informes recientes elaborados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y estadísticas operativas de la actividad revelan que los costos reales calculados por el INYM superan ampliamente lo que el mercado paga en chacra,arrojando una pérdida unitaria devastadora para el eslabón primario.
A este problema financiero se suma que los pagos ya no se efectúan al contado, sino mediante plazos extendidos de hasta 120 días y un alarmante incremento en la emisión de cheques rechazados que destruyen la liquidez cotidiana. Petterson detalló que el valor percibido por kilo de hoja verde puesta en secadero oscila actualmente entre los 230 y 280 pesos, una cifra que contrasta de forma violenta con los costos necesarios.
Al contrastar la ganancia actual con periodos complejos del pasado, el productor consignó que históricamente la participación nunca había bajado del 9% sobre el valor del paquete en góndola —alcanzando un piso del 8% durante la gestión de Carlos Menem—, mientras que en la actualidad se desplomó a un magro 4%.
Asimismo, el dirigente denunció que los únicos beneficiados por este esquema son los grandes molinos y acopiadores,quienes concentran el negocio y se quedan con diferencias extraordinarias sobre un volumen estimado de mil millones de kilos de hoja canchada que se drena lejos de las familias misioneras. Si bien la exportación y el mercado interno exhiben signos de buenos márgenes globales, ese éxito comercial jamás se traslada al bolsillo del agricultor.
En un tramo desgarrador de su diagnóstico, Petterson lamentó que en los sectores más vulnerables la infusión se haya convertido trágicamente en un sustituto de comidas para mitigar el hambre ante la extrema necesidad económica.
