El Museo de la Familia Perón en Camarones revela historia, objetos y relatos que muestran la vida rural patagónica más allá de la política.
Consolidado como un punto de referencia histórica en la provincia, el espacio ofrece lecturas que trascienden la figura política. Desde el rol sanitario de Juana Sosa (madre de Juan Domingo) en la comunidad de 1900 hasta los objetos que revelan la adaptación al clima hostil. Por qué no está la habitación del ex presidente y otros detalles que sorprenden en un recorrido histórico imperdible.

Años después de su inauguración, el Museo de la Familia Perón en Camarones ha dejado de ser una novedad para convertirse en una institución integrada al circuito cultural de Chubut. Sin embargo, para quienes lo recorren con detenimiento, el espacio sigue revelando capas de información que desafían el relato popular.
Más allá de la cronología política conocida, la narrativa se sostiene sobre detalles domésticos y decisiones de diseño que buscan desmitificar la figura de bronce para humanizar la supervivencia en la Patagonia de principios del siglo XX.
La familia Perón llegó a Camarones a fines del siglo XIX por razones laborales: Mario Tomás Perón, padre de Juan Domingo, fue designado juez de paz de la localidad, un cargo clave en un territorio todavía en formación. El grupo familiar se estableció en el pueblo alrededor de 1899 y permaneció allí aproximadamente dos años, hasta 1901, un período breve en términos temporales pero decisivo en la construcción del vínculo temprano de Perón con la Patagonia.
La ruptura estética y la «habitación ausente»
Uno de los puntos que mayor debate genera entre los visitantes frecuentes y primerizos es la estética del lugar. Lejos de la penumbra habitual de las casas antiguas o de los museos históricos tradicionales, el edificio —una réplica de la vivienda original— apuesta por una luminosidad que rompe expectativas.

«Es un museo muy moderno y eso es lo primero que impacta a la vista; la gente imagina un lugar oscuro, pero al ser una obra nueva que respeta las aberturas originales, es muy brillante», detalla Cristina Contreras, guía del museo. Esta claridad expone una decisión curatorial clave que a menudo confunde al turista: la ausencia del dormitorio.
A pesar de ser una «casa-museo», la habitación de Juan Domingo Perón no está. No se trata de un faltante de colección, sino de una jerarquización del espacio. Según explica Contreras, se decidió sacrificar la recreación de la habitación para utilizar esos metros cuadrados en las cuatro salas de exposición que narran la vida del ex mandatario «de la A a la Z».
La «médica» del pueblo antes del peronismo
Otro ángulo que el museo rescata es el rol social de la familia antes de que existiera el peronismo. La figura de Juana Sosa, madre de Perón, emerge en el relato local con un peso específico propio, desvinculado de la política.
En un Camarones fundado en 1900 con apenas 400 habitantes, la madre del ex presidente cumplía una función sanitaria informal pero vital. Los registros y la memoria oral recopilada por la institución la señalan como la partera de facto y la curandera del pueblo.

«Los vecinos recurrían a Doña Juana para curar el empacho o el ‘mal de ojo’, y ella lo hacía sin cobrar, generando un vínculo de estima con la población», señala la guía.
La pava de hierro y la adaptación al entorno
La colección también permite una lectura sobre la adaptación al medio ambiente. Los objetos narran la crudeza del clima de aquella época —mucho más hostil que el actual— y el ingenio necesario para transitarlo.

Contreras destaca una pieza en particular: una pava de hierro que la familia utilizaba en sus travesías en carreta. Este objeto funcionaba como un conservador térmico, permitiendo mantener el agua caliente durante largos trayectos sin necesidad de encender fuego a campo abierto.
El mate como hilo conductor
Finalmente, la conexión entre el «Juancito» niño y el tres veces presidente se materializa en objetos sencillos. El mate con sus iniciales, elegido por la guía como la pieza más valiosa simbólicamente, sirve para explicar la continuidad de los vínculos.
El museo funciona menos como un santuario partidario y más como un registro de la vida rural patagónica, donde la política nacional se entrelaza con historias de arreo de ovejas, inviernos crudos y la vida cotidiana de un pueblo costero en formación.
Datos útiles para visitar el museo
- Horarios: martes a sábado de 12 a 18 hs.
- Días cerrado: domingos, lunes y feriados.
- Costo: entrada libre y gratuita.




