Anualmente, la pesca extranjera extrae alrededor de 250.000 toneladas de recursos pesqueros.
De las aguas que rodean a las Islas Malvinas, siendo el calamar (Illex y Doryteuthis) la especie principal. Esta explotación genera ingresos millonarios.
Para compañías que operan con licencias británicas, en su mayoría provenientes de España, Taiwán, China y Corea del Sur.
Vulneración de la soberania
De acuerdo con canal26. Sin embargo, para la Argentina esta actividad representa una grave vulneración de su soberanía y una fuente constante de pérdidas económicas.
La pesca no autorizada en el Atlántico Sur provoca un perjuicio anual de cientos de millones de dólares, además de afectar de manera directa a la industria pesquera nacional y al empleo en las provincias patagónicas.
Por si fuera poco, la intensa presión extractiva sobre especies clave, en particular el calamar, altera el equilibrio del ecosistema marino y pone en riesgo la sustentabilidad de los recursos a largo plazo.
La sobrepesca en áreas contiguas a la Zona Económica Exclusiva argentina afecta a los stocks que luego migran hacia aguas nacionales, lo que reduce las capturas disponibles para la flota local.
Explotación positiva
En consecuencia, la explotación masiva por parte de flotas extranjeras se traduce en menor biomasa para la pesca nacional.
Una caída de la actividad en los puertos patagónicos y pérdidas millonarias de divisas que podrían potenciar las economías regionales.
A esto se suma que las autoridades británicas en Malvinas utilizan las islas como una base clave para la logística y la entrega de licencias.
Lo que termina sosteniendo un esquema de explotación del recurso pesquero de manera unilateral.
Para la Argentina, este escenario no solo agrava el impacto ambiental y golpea a la producción local, sino que además mantiene una situación que va a contramano del reclamo histórico de soberanía.
Y complica la aplicación de políticas serias de cuidado y manejo del Atlántico Sur. Defender los recursos naturales va de la mano con el reclamo argentino por las Islas Malvinas.
Y la falta de un control firme sobre la pesca extranjera termina debilitando la posición del país en el plano internacional.




