Las consultoras estiman que el índice cerrará entre el 2.2% y el 2.8%, arrastrado por subas en carnes, verduras y aceites, pese a la estabilidad cambiaria.
El primer mes del año no trajo alivio para el bolsillo de los argentinos. Según los relevamientos de las principales consultoras privadas, la inflación de enero de 2026 se ubicará claramente por encima del 2%, manteniendo una presión persistente sobre los precios.
El factor determinante, una vez más, fueron los aumentos en alimentos y bebidas, en particular en carnes, verduras y aceites, que no cedieron pese al contexto de relativa estabilidad macroeconómica y cambiaria. Según Noticias Argentinas, las últimas semanas del mes incluso mostraron una aceleración en la dinámica de precios de estos productos esenciales.
Las estimaciones: un consenso alrededor del 2.5%
Los números difieren levemente según la consultora, pero todas apuntan a una inflación mensual superior al 2%. Los pronósticos más recientes delinean el siguiente panorama:
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Econviews: Proyecta la suba más alta, con un 2.8%.
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LCG: Estima un 2.5%, destacando el fuerte impacto del encarecimiento de la carne.
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Almaceneros de Córdoba: Calcula una variación de entre 2.4% y 2.5%.
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Equilibra: Ubica el índice en 2.2%.
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IPC Online Bahía Blanca: Es la más optimista, con un registro cercano al 1.9%.
Este «consenso técnico» alrededor del 2.5% confirma que la inflación mantiene «núcleos duros»difíciles de desactivar, principalmente anclados en la canasta básica de alimentos. Aunque algunos factores ayudaron a moderar el índice —como bajas estacionales en ciertas verduras, ajustes suaves en lácteos y la estabilidad en precios regulados como los combustibles—, el peso de los alimentos frescos fue abrumador.
El cambio que se viene: nueva canasta del INDEC en febrero
Más allá del dato de enero, el escenario inflacionario de febrero tendrá una novedad metodológica clave. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) comenzará a medir la inflación con una nueva canasta de bienes y servicios, actualizada para reflejar los hábitos de consumo más recientes de la población.
Este cambio implicará una mayor ponderación (peso) de los servicios dentro del cálculo general y, en consecuencia, una reducción de la incidencia relativa de los alimentos. Si bien esto no significa que los precios de la comida vayan a bajar, sí podría modificar la lectura estadística del índice en los meses venideros, haciendo que la evolución de las tarifas de servicios tenga un impacto más directo en el porcentaje final anunciado cada mes. La batalla contra la inflación, por lo tanto, deberá lidiar no solo con la dinámica de precios, sino también con este cambio de reglas de medición.




