El sector de eventos en Argentina vive un pico de demanda pese a la crisis, impulsado por un cambio en las prioridades de ahorro de los jóvenes.
En un contexto económico complejo, una pregunta recorre las oficinas y reuniones familiares: ¿estamos viviendo un auge inesperado de bodas? El debate se encendió en Infobae a la Tarde, donde conductores y especialistas analizaron una realidad que parece contradecir los indicadores de consumo: mientras la capacidad de ahorro se licúa, las agendas de los salones de fiestas están más apretadas que nunca.
La industria «explotada» y el cambio de mentalidad
Para aportar claridad técnica, la producción consultó a Sofía Fauda, organizadora de eventos con amplia trayectoria, quien fue tajante al describir el presente del sector. «Hay muchísimos casamientos, la industria está explotada», afirmó Fauda, revelando que actualmente coordina hasta dos eventos por fin de semana. Este repunte inédito se da, paradójicamente, en un marco de alta inflación.
La explicación reside en un cambio de comportamiento financiero de las parejas. Ante la imposibilidad de acceder a un crédito hipotecario o a la vivienda propia, muchos optan por «quemar» sus ahorros en una celebración única. «La gente dejó de especular y dice: ‘Tengo algo, lo gasto, disfruto'», explicó la wedding planner. Esta mentalidad ha reducido los tiempos de organización: lo que antes se planeaba con dos años de antelación, hoy se resuelve en seis o nueve meses para ganarle a la incertidumbre de los precios.
Presupuestos para todos y el costo de ser invitado
La brecha de costos en el mercado de eventos es abismal, pero la industria ha aprendido a ser flexible. Fauda ejemplificó esta polarización con datos reales de su última temporada: mientras una boda para la misma cantidad de personas costó 180 mil dólares, otra de similares características se resolvió con 35 mil dólares. «Hay para todos los presupuestos, la clave es encontrarle la vuelta», señaló.
Sin embargo, el impacto económico no es solo para los novios. Maia Jastreblansky puso la lupa sobre el «presupuesto del invitado», remarcando que asistir a una boda hoy implica un gasto significativo en peluquería, maquillaje, vestuario, niñera y, por supuesto, el regalo. En un año donde algunos panelistas como Marcos Shaw aseguran tener hasta siete casamientos en agenda, el compromiso social se convierte en un desafío financiero para cualquier bolsillo.
Nuevos perfiles: casarse después de los hijos
El fenómeno también refleja una transformación sociológica. El perfil de quienes pasan por el altar ha cambiado: hoy las parejas son más grandes, promediando los 35 años, y en muchos casos ya conviven o tienen hijos que participan activamente del ritual. Esta tendencia de «primero los hijos y después el casamiento» fue celebrada en la mesa de debate como una forma de actualizar una tradición milenaria a los vínculos actuales.
A pesar de esta sensación de «boom» en ciertos nichos, los datos duros del Censo 2022 muestran una realidad macro más fría: la tasa de nupcialidad cayó de un 7,3 por mil en 1980 a un 2,9 por mil en la actualidad. Esto sugiere que el auge actual, más que un crecimiento demográfico, es una concentración de eventos postergados por la pandemia y una decisión de consumo emocional frente a la crisis.




