La agroindustria generó 6 de cada 10 dólares exportados en 2025.
El sector agroindustrial reafirmó su posición como la columna vertebral de la economía argentina durante el último año. De acuerdo con el reciente Monitor de Exportaciones de la Fundación para el Desarrollo Agropecuario de Argentina (FADA), el campo y sus industrias derivadas fueron los responsables de la mayor parte de las divisas que ingresaron al país. En un contexto donde la estabilidad macroeconómica depende del flujo de moneda extranjera, los datos revelan que el complejo agropecuario no solo sostiene la balanza comercial, sino que se mantiene como el actor más competitivo a pesar de los desafíos internacionales.
Durante el análisis del informe, que evalúa más de 20 complejos productivos en todo el territorio nacional, se precisó que las exportaciones totales de Argentina en 2025 alcanzaron los 87.000 millones de dólares. De ese monto, unos 52.900 millones correspondieron exclusivamente a las cadenas agroindustriales. Según Perfil, esta cifra representa el 61% del total exportado por la nación. Antonela Semadeni, economista de FADA, subrayó la relevancia de este aporte: “Llegamos a la conclusión nuevamente de la importancia que tiene la agroindustria en lo que es el ingreso de divisas a nuestro país”.
Composición del sector y el valor de las economías regionales
El informe desglosa cómo se integra este motor exportador. Si bien los granos dominan la escena con un 70% de la participación, existe un peso significativo de sectores que suelen quedar en segundo plano en la opinión pública. Las economías regionales —que incluyen productos como peras, manzanas, legumbres, cítricos, tabaco y té— representan el 14% de las ventas externas. Por su parte, el complejo cárnico (bovino, porcino y aviar) aporta un 9%, mientras que los lácteos suman un 3%.
Semadeni advirtió que, a pesar de este empuje, el escenario de precios internacionales no ha sido favorable. Los valores ponderados se encuentran un 5% por debajo de los registros de 2024 y un 13% por debajo del promedio de la última década. “Muchas veces todo lo que refiere a lo que son las economías regionales, carnes y lácteos, es como que se subestima el impacto que tienen”, señaló la especialista, destacando que estos bloques representan entre el 17% y el 18% del total exportado por Argentina.
El desafío de la industrialización y la competencia regional
A pesar de liderar mercados globales —Argentina es el primer exportador mundial de aceite y jugo de limón, aceite de soja y maní—, el informe de FADA pone el foco en una asignatura pendiente: el valor agregado. La economista advirtió que el país aún exporta una proporción excesiva de productos primarios frente a los industrializados. “Poca transformación industrial y mucho producto primario, que es lo que menos valor agregado tiene”, sostuvo, comparando la situación con Brasil y Estados Unidos, especialmente en el rubro de los biocombustibles, donde Argentina ha quedado rezagada.
Para Semadeni, este estancamiento responde a años de políticas contraproducentes, mencionando específicamente a los derechos de exportación. “Esto se debe a que tuvimos muchos años de malas políticas en lo que refiere al agro, entre ellas las retenciones. Eso limitó mucho lo que es la producción”, afirmó. Según su visión, el freno en la base productiva impacta directamente en las posibilidades de escalar hacia procesos industriales más complejos.
De cara al futuro, la hoja de ruta planteada por FADA incluye la quita de retenciones y una inversión urgente en infraestructura para reducir los costos logísticos que restan competitividad. “El mundo va a eso, a mayor transformación y exportación de mayor valor agregado”, concluyó Semadeni, instando a que Argentina acelere su transición hacia una potencia no solo productora, sino procesadora de alimentos y energía.




