Incendios en Chubut: el fuego ya superó el récord histórico de 2015.
La provincia de Chubut atraviesa una catástrofe ambiental sin precedentes que ha puesto en jaque la capacidad de respuesta de los equipos de emergencia. En las últimas horas, se confirmó que la voracidad de las llamas ha superado una marca tristemente célebre en la región: la superficie afectada ya es mayor a la registrada durante el fatídico verano de 2015. Con dos focos ígneos que se mantienen fuera de control, la preocupación crece entre los especialistas y los habitantes de las zonas cordilleranas que ven cómo el patrimonio natural se reduce a cenizas.
Una superficie devastada que marca un nuevo hito negativo
Las estadísticas actuales son alarmantes y reflejan la magnitud del desastre. Según Infobae, los incendios activos en territorio chubutense ya han arrasado con 47 mil hectáreas de vegetación, una cifra que sobrepasa las 41 mil hectáreas destruidas hace once años. En aquel entonces, solo la llegada de las lluvias otoñales en abril pudo detener el avance del fuego sobre los bosques nativos e implantados. Hoy, la historia parece repetirse con una intensidad incluso mayor, afectando no solo la flora autóctona sino también zonas de estepa y áreas de protección ambiental.
El testimonio de los pobladores y la fuerza de la naturaleza
A pesar del despliegue logístico, los residentes locales expresan su escepticismo sobre la posibilidad de contener el avance mediante métodos humanos. Roberto Molina, un poblador histórico de los parajes asediados, compartió su visión con crudeza: “Sólo las lluvias del otoño pueden poner freno al fuego, que avanza con tanta fuerza”. Aunque reconoció que nunca vio un operativo de semejante magnitud en la región, Molina fue tajante al afirmar que “no hay forma de hacer frente al fuego, por más aviones y helicópteros que tiren agua, y por más brigadistas peleando con mangueras”. Esta percepción refleja la impotencia de quienes conviven con las columnas de humo a diario.
La esperanza puesta en el pronóstico meteorológico
Frente a este escenario crítico, todas las miradas están puestas en el cielo. Los brigadistas y autoridades del Servicio Nacional de Manejo del Fuego confían en que las previsiones climáticas se cumplan para aliviar la tarea en terreno. El pronóstico anuncia la llegada de precipitaciones que podrían alcanzar los 30 milímetros para la semana próxima, lo que representaría un alivio vital para enfriar las zonas calientes. No obstante, mientras el agua no llegue, la lucha continúa cuerpo a cuerpo en un entorno donde la sequía acumulada y los vientos dificultan cualquier intento de anclaje definitivo de las líneas de fuego.




