La industria pesquera argentina atraviesa una de sus crisis más profundas de los últimos años
Lo que comenzó como una preocupación por la suba de costos operativos se ha transformado en una amenaza real para la continuidad de la flota y miles de puestos de trabajo. El incremento desmedido en el precio del gasoil naval, que en algunos segmentos representa casi la mitad de los costos de producción, ha dejado a las empresas del sector sin margen de maniobra, llevando el reclamo hasta las oficinas de la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesqueros de la Nación.
El combustible: un insumo que devora la rentabilidad
El esquema de costos de un buque pesquero es sumamente sensible al precio de la energía. Dependiendo del tipo de captura, el gasoil representa entre el 20% y el 45% de los gastos totales de salida al mar. Con un aumento que superó el 40% en apenas unos meses de este 2026, la ecuación económica se ha roto. A diferencia del año pasado, donde los incrementos acompañaban la inflación, el ritmo actual es abrupto e imprevisible, impidiendo cualquier planificación financiera seria para las armadoras.
A esta situación se suma una carga impositiva que el sector considera asfixiante. Entre el Impuesto a los Combustibles Líquidos (15,8%) y el tributo al CO2, el precio final del gasoil se ve inflado por una indexación permanente que no tiene relación con los precios internacionales del pescado, los cuales, lejos de subir, enfrentan una presión a la baja debido a la caída del consumo en mercados clave como el europeo.
Un «tiro de gracia» para la flota costera y fresquera
Si bien las grandes empresas de altura sienten el impacto, el panorama es desolador para las embarcaciones más pequeñas. «Para la flota costera, esto representa directamente el tiro de gracia», advierten desde las cámaras empresarias. Los números respaldan este pesimismo: en el primer bimestre de 2026, las descargas de variado costero en puertos estratégicos como Mar del Plata cayeron cerca de un 40%.
El conflicto bélico en Medio Oriente también juega su parte, encareciendo los fletes internacionales y alterando las rutas comerciales. Esta «tormenta perfecta» no solo afecta a los dueños de los barcos; el impacto se traslada rápidamente a las plantas procesadoras, los estibadores y toda la cadena de servicios portuarios, poniendo en riesgo la estabilidad de las economías regionales que dependen directamente de la extracción de recursos marítimos.
El pedido de auxilio al Gobierno Nacional
Ante la posibilidad de una paralización progresiva de la flota, las cámaras del sector han formalizado un pedido de intervención urgente. Entre los puntos principales, solicitan una exención transitoria de impuestos sobre el gasoil de uso naval y la creación de una mesa técnica de trabajo que brinde previsibilidad a los precios.
La advertencia es clara: de no mediar una solución que alivie la presión sobre el combustible, la pesca —uno de los complejos exportadores más importantes de Argentina— corre el riesgo de quedar amarrada al muelle, con consecuencias sociales y económicas difíciles de revertir para las ciudades portuarias del país.




