La comunidad de Trelew continúa conmocionada por el grave episodio denunciado en la Escuela N° 21
Tamara, la madre del pequeño de siete años víctima de un presunto abuso por parte de un compañero, rompió el silencio con un relato que evidencia no solo el dolor familiar, sino también una profunda sensación de abandono institucional. Entre lágrimas, la mujer denunció la falta de acompañamiento del Ministerio de Educación y la negligencia de las autoridades escolares ante un caso que, según afirma, pudo haberse evitado.
«El daño es irreparable»: la angustia de una madre
Para Tamara, el sentimiento de culpa es una carga difícil de llevar. Según relató, su hijo le suplicaba entre llantos no asistir a clases, un pedido que ella interpretó como un simple capricho infantil sin imaginar la pesadilla que el menor estaba viviendo. «Lo mandé sin saber lo que pasaba y pasó lo peor», confesó angustiada. El niño, descripto como alguien tímido e inocente, fue agredido durante un recreo el pasado lunes, dejando secuelas que su madre califica como permanentes.
La crítica hacia la dirección del establecimiento y el cuerpo docente es tajante. Tamara cuestiona cómo un alumno con antecedentes conflictivos desde el nivel inicial pudo permanecer en la institución sin un seguimiento adecuado de su legajo. Además, señaló que el grupo familiar del presunto agresor ya habría intervenido en el pasado por organismos de protección al menor, lo que incrementa la indignación por la falta de medidas preventivas dentro del ámbito escolar.
Reclamos de justicia y una tragedia familiar paralela
A la traumática situación del abuso se suma un incidente violento ocurrido durante la manifestación en la escuela. El sobrino de Tamara, movilizado por la impotencia, pateó una puerta de vidrio y sufrió una herida de gravedad en su pierna. La mujer denunció que, pese a la presencia policial, el joven no recibió auxilio inmediato y debió ser trasladado en un vehículo particular al hospital, donde pelea por no perder su extremidad debido a la gran pérdida de sangre.
«Nadie se comunicó conmigo para brindarle asistencia psicológica a mi hijo», reclamó la madre, quien exige respuestas urgentes del Ministerio de Educación. El pedido de justicia de Tamara no es solo por su hijo, sino para que se revisen las responsabilidades de quienes debían cuidar a los niños en los recreos. Mientras tanto, el pequeño permanece en su hogar, intentando procesar un hecho que ha quebrado la tranquilidad de toda una familia chubutense.




