El Gobierno estudia eliminar las PASO y adelantar las presidenciales a mayo de 2027 para evitar el desgaste de la gestión
En un contexto de estancamiento económico y una imagen oficial que registra sus niveles más bajos de aprobación, sectores de la Casa Rosada analizan una jugada política de alto impacto: adelantar las elecciones presidenciales de 2027 para mediados de mayo, cinco meses antes de lo previsto por el calendario electoral vigente.
Los motivos detrás de la estrategia
La iniciativa busca evitar que la gestión de Javier Milei llegue al turno electoral de octubre en un escenario de mayor deterioro social y posibles turbulencias financieras. Según trascendió, el oficialismo considera que una reelección lograda en la primera mitad del año permitiría esquivar la inestabilidad de los mercados que suele preceder a los comicios y facilitaría el acceso a financiamiento externo.
Sin embargo, el adelantamiento enfrenta barreras legales y constitucionales:
- Derogación de las PASO: El Gobierno debería eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, un mecanismo que el año pasado fue suspendido pero sigue vigente por ley.
- Reforma del Código Electoral: La normativa actual fija los comicios para el cuarto domingo de octubre. Modificar esto requiere un amplio consenso legislativo.
- Acuerdo con gobernadores: El oficialismo buscaría el aval de mandatarios provinciales «dialoguistas» a cambio de negociaciones en las listas locales.
El factor peronista y los riesgos históricos
La posibilidad del adelantamiento no toma desprevenida a la oposición. Referentes del peronismo ya habían advertido sobre esta maniobra, sugiriendo que el PJ debería definir sus candidaturas en una interna abierta antes de fin de año para no quedar a merced de los tiempos de la Casa Rosada.
No obstante, la historia argentina marca los riesgos de esta estrategia. El antecedente más recordado es el de Raúl Alfonsín en 1989, quien adelantó los comicios a mayo, resultó derrotado y debió entregar el poder de forma anticipada en medio de una crisis hiperinflacionaria. El oficialismo confía en que, de concretarse el cambio de fecha, la fragmentación de la oposición juegue a su favor para asegurar la continuidad.




