Puerto Madryn podría tener finalmente una sede educativa vinculada a la formación marítima, pero no será por decreto ni por decisión política. Depende, según planteó Jorge Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes y Patrones de Pesca, de que la actividad pesquera consiga un nivel de normalidad que permita invertir sin poner en riesgo otros frentes.
El proyecto en El Doradillo ya tiene terreno adquirido, trabajos técnicos desarrollados y trámites encaminados, pero el inicio de las obras está atado a la salud económica del sector. “Si no podemos iniciar la temporada del langostino con normalidad muy posiblemente tengamos que posponer este sueño”, advirtió.
Una obra que espera: el terreno está, pero la plata depende del mar
El flamante secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes y Patrones de Pesca evitó mostrarse como una figura de simple continuidad. Aunque lleva años en la conducción, buscó marcar que esta nueva etapa tiene metas específicas. “Cuando se plantean objetivos distintos, nuevos, uno fue quemando etapas acá en el transitar de los años”, dijo al repasar una gestión que ya suma 16 años de respaldo electoral.
Lejos de abrir la entrevista con una celebración del cargo, Frías ubicó el centro de gravedad en una obra todavía inconclusa que conecta a Chubut con una de sus prioridades estratégicas: la educación. Explicó que el proyecto en El Doradillo ya cuenta con tierra adquirida, trabajos técnicos desarrollados y trámites encaminados, pero aclaró que el inicio no puede escindirse de la salud económica del sector. “Podemos encarar la obra con seguridad, esto de tirarse a la pileta con agua y no sin ella”, resumió con una imagen que dejó clara la prudencia con la que piensa el nuevo mandato.
La formación como cambio intelectual: el gremio apuesta a la educación
Frías utilizó ese proyecto para volver sobre una idea que viene empujando hace años: la pesca no cambia de verdad solo por mejores máquinas ni por un rebote de los mercados, sino por formación. “La industria pesquera no necesita ni… El cambio en la industria no pasa ni por la economía ni por la tecnología, pasa por, a mi entender, por el cambio intelectual”, afirmó. Y enseguida completó el concepto: “el cambio intelectual va de la mano con la formación, la única manera de poder desarrollar el intelecto”.
Desde esa mirada, la compra de una hectárea en Madryn y el impulso a un instituto propio no aparecen como piezas accesorias. Frías recordó que el gremio ya logró montar “el primer instituto privado de formación y capacitación de la marina mercante” y explicó que la intención es federalizar esa oferta, sin concentrarla solo en Mar del Plata. La educación, dijo, “no tiene techo”.
Guerra en Medio Oriente, costos y el “socio mayoritario” que complica la actividad
Consultado por el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre la actividad, Frías rechazó cualquier intento de negar el problema y recordó que la pesca argentina está completamente atada al mercado externo. “Argentina, la pesca como industria, no estamos en una isla. Y lo concreto es que todo el alimento que nosotros extraemos del mar argentino se exporta”, señaló, para después advertir que el aumento del petróleo repercute de lleno en los costos de cada embarcación.
Fue en ese tramo donde descargó una de las frases más políticas de toda la entrevista. Sin eximir al empresariado ni al trabajo de la discusión por los costos, ubicó la carga principal en el Estado. “El gran problema que tenemos es el socio mayoritario, que son los distintos gobiernos que están al frente de la gestión del pueblo argentino”, lanzó. Y enseguida tradujo esa idea a términos impositivos: “Los costos impositivos que tienen las empresas y nosotros, con el impuesto a las ganancias, el impuesto al trabajo, y toda la cadena” convierten al Estado en un actor que se lleva una parte central del esfuerzo productivo.
Convenios colectivos: “Trabajar sobre el convenio del 75 es una inmadurez sindical”
A partir de ese diagnóstico, Frías se metió en otro tema de fondo: la necesidad de revisar los convenios colectivos sin aceptar, según su planteo, ni la rigidez sindical ni una modernización vaciada de contenido. Reconoció que buena parte del movimiento obrero llega tarde a esa discusión y lo dijo sin rodeos: “trabajar sobre el convenio del año 75 es una inmadurez sindical que no se puede negar”.
La crítica no fue genérica ni decorativa; buscó diferenciar a su organización de esa parálisis al remarcar que sus acuerdos con el sector empresario fueron cerrados “del 2014 para adelante”, aunque admitió que incluso esos textos necesitan correcciones. Dijo que la suspensión de varios artículos de la modernización impulsada por el Gobierno fue un dato que “hay que celebrarlo” por la intervención de la CGT, pero al mismo tiempo insistió en que su gremio mantiene voluntad de revisar lo que haga falta. “Nos interesa la producción, no estamos interesados en costos fijos salariales, a nosotros nos importa la producción, queremos ir a correr riesgo de la aventura al mar por el beneficio de ser parte de esa producción”, planteó.
Una promesa que cumple: Frías no buscará la reelección en 2030
La conversación también dejó una definición interna que no pasó inadvertida. Frías confirmó que, junto con la asunción formal de la comisión directiva, resolvió dejar asentado que no buscará seguir en 2030. “Yo he declinado en mi postulación como secretario general para el 2030, tal como lo había prometido”, afirmó, y enseguida reforzó el sentido político de esa decisión: “lo que se promete hay que cumplirlo”.
El nuevo período de Frías quedó presentado menos como una continuidad ceremonial que como una administración atada a resultados muy concretos. La sede educativa de Puerto Madryn espera una temporada que cierre, los convenios siguen abiertos a cambios, la presión impositiva aparece como una pelea declarada y la industria permanece expuesta a variables internacionales que no controla. Entre todos esos frentes, el dirigente eligió poner una vara propia: sostener la formación, cumplir la obra cuando el contexto lo permita y llegar hasta 2030 sin revisar la promesa que acaba de ratificar.




