Un equipo de investigación del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET) confirmó en 2025 la primera presencia y nidificación del lechuzón orejudo (Asio clamator) en la zona de Treorky, en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCh) , lo que representa una expansión significativa de su distribución hacia el sur de la Argentina.
El descubrimiento constituye un avance clave en el conocimiento de las aves rapaces patagónicas.
Un registro científico clave para la Patagonia
La investigación fue llevada adelante por Anahí Formoso y Daniel Udrizar Sauthier, investigadores del IPEEC, junto a los fotógrafos de naturaleza Agustín Esmoris y Darío Podestá. Los resultados fueron publicados en la revista Nuestras Aves. El trabajo documenta una expansión de al menos 280 kilómetros hacia el sur en la distribución conocida del lechuzón orejudo, un dato de relevancia para la biogeografía regional. Además, abre nuevas perspectivas sobre la adaptación de la especie a ambientes australes.
Hasta el momento, la especie era considerada poco frecuente en la región, con registros aislados en localidades como San Antonio Oeste y Las Grutas. Sin embargo, este estudio no solo certifica su presencia, sino que aporta evidencia concreta de reproducción, confirmando su establecimiento en el área.
Cambios ambientales y expansión de la especie
Uno de los aspectos destacados del estudio es la posible relación entre este desplazamiento y las modificaciones ambientales generadas por la actividad humana, especialmente la deforestación. En el VIRCh, los paisajes transformados —con áreas irrigadas, presencia de árboles y producción agropecuaria— podrían estar favoreciendo tanto la llegada como la permanencia de esta rapaz nocturna, al ofrecer condiciones propicias para su desarrollo.
Diferencias entre macho y hembra: un posible caso de dimorfismo sexual
Durante las observaciones, los investigadores detectaron posibles diferencias entre los ejemplares adultos, lo que podría constituir un caso de dimorfismo sexual no documentado previamente en la especie. “Notamos patrones distintos de coloración entre los dos adultos. Uno presentaba un tono más pálido, con mayor contraste en el plumaje, disco facial menos definido y penachos auriculares más marcados”, explicó la Dra. Formoso.
En contraste, el otro individuo exhibía un plumaje color canela, con un disco facial más grueso y definido. “Por el comportamiento observado, suponemos que el macho realizaba despliegues defensivos, mientras que la hembra permanecía junto al pichón”, agregó la investigadora.
Un rol ecológico y productivo relevante
Más allá de su valor científico, el lechuzón orejudo cumple una función ecológica clave como depredador de pequeños vertebrados, especialmente roedores. Esto lo convierte en un potencial aliado para el control biológico en sistemas productivos, reforzando la importancia de su conservación en entornos rurales. El hallazgo también abre nuevas líneas de investigación sobre su ecología, dieta y comportamiento reproductivo en regiones donde aún existe escasa información sobre esta especie.
Educación ambiental y cambio cultural
El estudio no solo plantea desafíos ecológicos, sino también sociales. En muchas comunidades, las lechuzas y búhos están asociadas a mitos negativos vinculados a la mala suerte, lo que puede derivar en rechazo o persecución. Frente a este escenario, el proyecto del CONICET incorpora una dimensión educativa, con la realización de talleres y charlas en escuelas y comunidades del valle. El objetivo es promover el conocimiento y la valoración de estas aves como componentes esenciales del ecosistema.
El descubrimiento no solo amplía el mapa de distribución del lechuzón orejudo, sino que invita a reflexionar sobre los cambios en el ambiente y el papel de la fauna en contextos de transformación.




