En los rincones más puros del sur argentino, la naturaleza resguarda un patrimonio biológico que desafía la comprensión del tiempo humano
En la provincia de Chubut, un alerce milenario conocido como Lahuán se erige como el ser vivo más antiguo del país, un gigante que ya crecía antes de nuestra era y que hoy continúa su desarrollo en el corazón de la Patagonia.
El gigante que vio nacer la historia humana
El Lahuán, bautizado afectuosamente por muchos como el «Abuelo», posee una edad estimada de 2.630 años. Sus imponentes 57 metros de altura y un tronco que supera los dos metros de diámetro le otorgan una fisonomía majestuosa dentro del ecosistema austral. Sin embargo, su verdadero valor radica en su condición de cápsula del tiempo: este ejemplar ya habitaba el suelo patagónico mientras florecían las primeras civilizaciones de la antigüedad, siglos antes de la llegada de Cristóbal Colón a América y de la Revolución de Mayo en el Río de la Plata.
Este árbol singular no representa un individuo aislado, sino que forma parte de la selva valdiviana, un bosque templado húmedo caracterizado por especies con millones de años de evolución. El escenario que lo cobija es el Parque Nacional Los Alerces, una reserva natural de trascendencia global que fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en el año 2017 debido a la relevancia de sus bosques primitivos.
Una travesía de preservación en el corazón del bosque
Para los viajeros, la ciudad chubutense de Esquel se consolida como el portal de acceso hacia esta reliquia natural. Llegar hasta el sector donde descansa el alerce no constituye una excursión tradicional; se trata de una travesía de unas cinco horas que demanda planificación y un profundo sentido de respeto ambiental. El itinerario combina caminatas que inician en la pasarela sobre el Río Arrayanes, el avance por senderos de espesa vegetación y una navegación de más de una hora cruzando las aguas cristalinas del Lago Menéndez.
Al arribar al sitio, el esquema de conservación es estricto. El contacto físico con el ejemplar está totalmente vedado mediante una infraestructura de protección perimetral diseñada para mitigar el desgaste del suelo. Asimismo, guardaparques y especialistas implementan protocolos de control sanitario destinados a evitar el ingreso accidental de patógenos externos que pongan en riesgo la delicada salud del bosque milenario.
El valor científico y el mensaje de la conservación
Más allá de su magnetismo para el turismo sostenible, el Lahuán es un laboratorio viviente de incalculable valor para la ciencia. Expertos del CONICET y profesionales especializados en dendrocronología —el análisis de los anillos de crecimiento arbóreo— examinan su estructura para decodificar las variaciones climáticas que experimentó la región a lo largo de más de dos milenios. La clave de su longevidad se halla en un ritmo de crecimiento extremadamente pausado, estimado en apenas un milímetro anual, sumado a las propiedades de una madera sumamente resistente y un entorno microbiológico subterráneo que equilibra los nutrientes del suelo.
Frente a los desafíos que imponen la crisis climática contemporánea y el peligro latente de los incendios forestales, la figura de este alerce se transforma en un símbolo de resistencia natural y en un llamado urgente a la responsabilidad colectiva, recordándonos la fragilidad de un patrimonio natural que resulta completamente irremplazable.
