Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han comenzado a pasar una severa factura a la actividad económica internacional.
El Banco Mundial redujo su previsión de crecimiento global a su nivel más bajo desde la pandemia de COVID-19 y advirtió sobre el creciente impacto económico de la guerra en Oriente Medio en países de todo el mundo.
De acuerdo con las proyecciones de la entidad financiera, el escenario macroeconómico global sufrirá una notable desaceleración durante el presente ejercicio. Según el informe Perspectivas Económicas Mundiales del organismo multilateral, se prevé que el crecimiento mundial caiga al 2,5% en 2026, frente al 2,9% del año anterior, con una inflación general que promediará el 4%, reportó CBS News y supo la Agencia Noticias Argentinas.
Choque energético y endurecimiento de la política monetaria
El desencadenante central de este freno en la actividad económica está directamente ligado a la escalada bélica y sus consecuencias en las cadenas de suministro de materias primas. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha disparado los precios de la energía, provocando una mayor inflación y el consiguiente aumento de los costes de endeudamiento, a medida que los bancos centrales intentan frenar la desenfrenada subida de precios.
Ante el adverso panorama, la banca multilateral activó mecanismos de contingencia financiera para mitigar el impacto en las regiones más vulnerables. El Banco Mundial anunció que pondría a disposición de los países en desarrollo, los más afectados por la crisis, hasta 60.000 millones de dólares de forma inmediata. Indicó que esa cifra podría aumentar a 100.000 millones de dólares en un plazo de 15 meses.
Pesimismo generalizado en las proyecciones macroeconómicas
El documento revela que el impacto de la crisis no es un fenómeno aislado, sino que afecta de manera sistémica a la mayor parte del planeta. En el nuevo informe, las previsiones de crecimiento para dos tercios de las economías mundiales se han revisado a la baja en comparación con enero de este año.
La cúpula del organismo concluyó con un enérgico llamado diplomático, vinculando la estabilidad económica global con la necesidad de pacificación en los distintos frentes internacionales.
“Lo primero es poner fin al conflicto en Ucrania, en el Golfo Pérsico y en África Central, y no iniciar nuevas guerras”, declaró Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial. “La guerra, en cualquier lugar, es perjudicial para los pobres en todas partes”, agregó.
