Un informe de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) confirmó la presencia de reservas recuperables distribuidas en siete proyectos mineros en Mendoza, Chubut, Río Negro y Salta. El volumen garantiza el abastecimiento nucleoeléctrico y abre la puerta a futuras exportaciones
La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ratificó que la Argentina dispone de 33.650 toneladas de uranio identificadas y recuperables a costos competitivos. Este insumo estratégico resulta fundamental para cubrir la demanda actual y proyectada de las centrales nucleares del país.
Actualmente, el mapa del uranio en el territorio nacional se concentra en cuatro provincias a través de los siguientes proyectos:
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Sierra Pintada (Mendoza): Encabeza las reservas nacionales con 10.010 toneladas.
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Cerro Solo (Chubut): Almacena 8.180 toneladas de recurso recuperable.
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Amarillo Grande (Río Negro): Cuenta con un registro de 6.600 toneladas.
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Meseta Central (Chubut): Aporta 5.290 toneladas al mapa minero.
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Laguna Salada (Chubut): Dispone de 2.980 toneladas identificadas.
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Don Otto (Salta): Registra 430 toneladas en el norte argentino.
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Laguna Colorada (Chubut): Completa la nómina provincial con 160 toneladas.
Para consolidar el conocimiento técnico sobre estos yacimientos, la CNEA lleva adelante relevamientos radiométricos aéreos, prospecciones geoquímicas de agua y suelo, así como campañas de perforación en profundidad.
El rol del uranio en la expansión minera nacional
El avance del uranio se da de forma paralela al despegue de otros minerales estratégicos en el país, como el litio y el cobre. Según proyecciones de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), las iniciativas cupríferas más avanzadas permitirán superar el millón de toneladas anuales de producción, al tiempo que los desarrollos de litio sumarían 342.000 toneladas de carbonato de litio equivalente en los próximos diez años.
Si bien la escala de inversión en el uranio es menor en comparación con el cobre y el litio, desde la CNEA remarcan que la ampliación de las reservas no solo fortalecerá la soberanía energética del sistema nuclear argentino, sino que sentará las bases para generar potenciales saldos exportables al mercado internacional.
