El fantasma de una contracción generalizada vuelve a sobrevolar el escenario económico argentino tras la difusión de indicadores oficiales y estimaciones privadas que muestran un claro enfriamiento.
Luego de la contracción registrada en el segundo trimestre de 2026, los datos recientes del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) revelaron una baja del 2,9% en julio con respecto a junio en términos desestacionalizados, sumada a una caída interanual del 1,4%, lo que encendió fuertes señales de alerta entre los analistas del mercado.
Números en rojo, caída del consumo y golpe directo al bolsillo
La combinación de menores ingresos reales, desplome industrial y contracción en las ventas configura un panorama complejo para los próximos meses. El Producto Interno Bruto (PIB) sufrió un retroceso del 0,6% durante el segundo trimestre del año. Ante este escenario, el Índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella estimó en agosto una probabilidad del 82% de ingresar formalmente en una fase recesiva en un horizonte de seis meses, entendida como la caída continuada de la producción, la inversión y el empleo.
Las ramas de la economía vinculadas al mercado interno reflejan de manera cruda este freno. La producción industrial manufacturera se contrajo un 5% interanual en julio, con una utilización de la capacidad instalada que descendió al 58,2%. Sectores clave operan en niveles críticos:
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Metalmecánica: 38,3% de capacidad operativa.
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Industria automotriz: 39% de capacidad operativa.
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Caucho y plástico: 40,2% de capacidad operativa.
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Textiles: 45,3% de capacidad operativa.
En el extremo opuesto, solo la refinación de petróleo (89,9%) e industrias metálicas básicas (71,8%) mostraron dinamismo. Por el lado del consumo masivo, la consultora Scentia registró una baja interanual del 1,5% en agosto y un desplome acumulado del 2,7% en los primeros ocho meses de 2026. A su vez, los datos del INDEC sobre supermercados arrojaron una caída interanual del 2,1% en julio. Este deterioro se explica por la pérdida del poder adquisitivo: el salario promedio de los trabajadores estables (RIPTE) subió 28,8% interanual hasta los $1.946.028, quedando rezagado frente a una inflación del 33,8% en el mismo período.
El Gobierno minimiza el impacto mientras crecen la morosidad y el desempleo
El marco social suma presiones adicionales con una tasa de desempleo que alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre y una morosidad en las familias que trepó al 12,9% de los créditos en julio. Estos factores restringen de forma directa el consumo corriente y el financiamiento de los hogares, alimentando el círculo de desaceleración.
A pesar de las cifras desfavorables, desde el Ministerio de Economía que encabeza Luis Caputo buscan llevar tranquilidad y aseguran que el retroceso responde a shocks de carácter transitorio. El funcionario hizo hincapié en que el EMAE mantiene un balance positivo del 1,7% en los primeros siete meses de 2026 en la comparación interanual, además de resaltar la solidez de la tendencia-ciclo. De esta manera, el desempeño de la actividad durante agosto y septiembre resultará determinante para definir si la economía argentina logra reanudar la senda de crecimiento o si se adentra en un nuevo ciclo recesivo.
