Mauricio Navarrete asistió en su adolescencia al CPB del barrio Máximo Abásolo. Sabía que había una computadora para jugar y se animó a ir. Sin embargo, no imaginaba que iba encontrar un lugar donde había múltiples actividades y mucha contención. Hoy, el joven integra el equipo de juegotecas comunitarias y dice con orgullo: “Para mí los CPB son lugares de contención, de amor y de aprendizaje”.
Los Centros de Promoción Barrial (CPB) de Comodoro Rivadavia constituyen espacios de referencia para las familias y, especialmente, para las infancias y adolescencias. Allí se desarrollan propuestas educativas, recreativas y comunitarias que buscan acompañar las distintas etapas de crecimiento y fortalecer los vínculos dentro de cada barrio.

La historia de Mauricio Navarrete refleja ese recorrido. Durante su adolescencia comenzó a concurrir al CPB Máximo Abásolo, ubicado prácticamente frente a su casa. Su primer acercamiento fue por una propuesta que, en ese momento, despertó su curiosidad: un espacio con computadoras donde podía ir a jugar durante una hora. Sin embargo, con el tiempo descubrió que el CPB no era solamente un lugar para jugar frente a una computadora, sino un espacio donde podía participar de distintas actividades, encontrarse con otros jóvenes y, sobre todo, sentirse acompañado.
“Encontré mucha contención, mucho amor, porque no era solamente ir y que pasara desapercibido. Había una comunión, una relación de ‘a ver cómo te fue en el día, cómo te va en la escuela’”, recordó.

Mauricio asistió al CPB entre los 13 y los 18 años. Si bien no asistía necesariamente todos los días, regresaba de acuerdo con las actividades y propuestas que se desarrollaban. Esa experiencia también terminó teniendo un impacto en su trayectoria laboral, en virtud que tuvo su primera experiencia de trabajo a través de un programa municipal.
Con el paso de los años, su recorrido lo llevó nuevamente a los CPB, aunque esta vez desde otro lugar: trabajando con las infancias a través del dispositivo de Juegotecas Comunitarias, como promotor lúdico. “Nunca me imaginé que iba a trabajar acá, en este lugar que es hermoso, trabajar con niños es muy lindo”, afirmó.
Un espacio de juego y encuentro
Las Juegotecas Comunitarias son una propuesta de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia a través de la Dirección General de Promoción Social. El espacio busca recuperar el juego compartido como una herramienta de encuentro, aprendizaje y socialización, promoviendo al mismo tiempo alternativas al consumo excesivo de pantallas.

La propuesta está destinada principalmente a niñas y niños de entre 6 y 12 años y cuenta con sedes fijas en cuatro CPB: 30 de Octubre, Máximo Abásolo, Don Bosco y Diadema. En conjunto, el dispositivo alcanza a más de 100 chicos que participan mensualmente de las actividades.
La dinámica se adapta a cada grupo y a los intereses de quienes participan. Juegos de mesa, propuestas recreativas, actividades al aire libre, manualidades y juegos de estrategia forman parte de las alternativas que se presentan en cada encuentro.
José Perrone, director del espacio, sostiene que “el programa Juegotecas Comunitarias es una propuesta que garantiza el derecho al juego, al esparcimiento y de la recreación. En su modalidad itinerante nos permite poder llevar las distintas actividades lúdico-recreativas a todos los centros de promoción barrial y otras instituciones con las cuales se trabaja de manera articulada”.
En ese sentido, explicó que “la trayectoria de Juegoteca nos ha permitido y nos ha dado el privilegio de poder generar vínculos con las familias de los distintos barrios. Es una propuesta que es reconocida en los espacios del Centro de Promoción Barrial y el radio, es una propuesta que invita a lo colectivo, a la reflexión, a poder transmitir el valor del juego”.
Actualmente, el equipo de Juegotecas Comunitarias está integrado por cuatro personas y desarrolla las propuestas en distintos puntos de la ciudad, con una fuerte inserción territorial.
Mauricio asegura que el atractivo principal está justamente en la posibilidad de encontrarse con amigos y disfrutar de un tiempo de juego compartido. “Acá tienen esa libertad de venir, reunirse y juntarse y hacer los juegos que ellos quieran. La mayoría se conocen en todo el barrio, de la escuela, son casi todos amigos, entonces se encuentran acá y es como su tiempo de juego”, sostuvo.
Aunque la experiencia no solo es positiva para los chicos que asisten, sino que también lo es para los instructores, que como Mauricio y José comparten con ellos su infancia. “Eso es lo bueno y positivo que tiene la Juegoteca, que es un espacio recíproco donde aquellas personas que transitaron este espacio, luego se acuerdan de uno y de las actividades y las experiencias que vivenciaron. Eso es lo lindo: el reconocimiento de la familia y de las infancias que transitaron los espacios CPBS”, concluyó.
