El mercado laboral argentino enfrenta un deterioro estructural alarmante que impacta de lleno en el bolsillo de las familias.
La proliferación del empleo informal y del cuentapropismo precario provocó una severa contracción de los ingresos mensuales para aquellos trabajadores que se vieron obligados a migrar desde puestos registrados hacia la informalidad. Este fenómeno, utilizado como ancla para contener los precios, terminó derivando en una fuerte caída de la masa salarial y en un preocupante estancamiento del consumo popular.
La precarización del empleo significó una pérdida de ingresos del 62,4% para quienes pasaron de ser asalariados privados formales a cuentapropistas informales. Las cifras oficiales y privadas demuestran que, mientras un trabajador del sector privado registrado percibió en promedio $1.860.000 durante el mes de julio, un independiente informal logró embolsar apenas $700.000, reflejando la profundidad de la brecha salarial que atraviesa la economía nacional.
Caída de la masa salarial y destrucción de puestos de calidad
Un informe de la consultora Equilibra, elaborado a partir de datos del SIPA y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), detalló los promedios de ingresos según la categoría laboral en julio: un asalariado formal privado ganó $1.860.000; un cuentapropista formal alcanzó los $1.800.000; un empleado estatal registrado percibió $1.670.000; un asalariado informal cobró $890.000; y un cuentapropista informal obtuvo $800.000.
El director de Análisis Macro de Equilibra, Lorenzo Sigaut Gravina, precisó que entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo trimestre de 2026 se destruyeron 260.000 puestos asalariados formales en el sector privado, al tiempo que surgieron 490.000 nuevos cuentapropistas informales. Si bien el auge de las «changas» y empleos refugio evitó un disparo drástico del desempleo, la masa salarial mensual acumulada cayó en $141.000 millones. De acuerdo con el especialista, hace falta generar más de dos puestos informales para equiparar el ingreso de un solo empleo de calidad, el cual además cuenta con vacaciones, obra social y aportes jubilatorios.
Estancamiento del consumo y parálisis de la actividad económica
La reducción del poder adquisitivo —que registra una baja del 7% real en el salario registrado desde el inicio de la gestión y un hachazo del 16,5% en el ingreso disponible tras afrontar el pago de tarifas— impacta directamente en el comercio. La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) confirmó que en septiembre el Indicador de Consumo mostró una variación del 0% mensual desestacionalizado, una retracción del 0,8% interanual y un acumulado negativo del 0,5% en el año. La caída se sintió con mayor fuerza en el consumo masivo, que se contrajo un 1,2% interanual y un 1% en relación a agosto.
Desde la consultora Vectorial recalcaron que el mismo esquema que mantiene bajo control la inflación es el que enfría la actividad económica. Al no poder estimular la demanda interna, tocar el tipo de cambio ni aflojar el ajuste fiscal, la economía permanece en un escenario de inmovilismo sin señales de recuperación inmediata, afectando en paralelo la recaudación del Estado por la menor masa de aportes patronales y tributos.
