La historia de la Patagonia guarda proezas que parecen sacadas de una película de ficción.
Un siglo atrás, cuando las carreteras modernas no eran más que un sueño y la tecnología motriz daba sus primeros pasos, dos aventureros patagónicos decidieron desafiar la geografía del continente entero sobre dos ruedas, firmando una de las mayores hazañas del motociclismo pionero en la región.
La proeza de Braun y Schick: 15 mil kilómetros en sidecar
En plena década de 1920, los deportistas Alexander Braun y Gottlieb Schick emprendieron un viaje en motocicleta de Puerto Madryn a Nueva York. A bordo de un vehículo de manufactura estadounidense provisto de sidecar, la dupla patagónica se lanzó a completar una travesía de aproximadamente 15.000 kilómetros que demandaría un total de 500 días de viaje.
El recorrido por los caminos de tierra y los terrenos hostiles de la época fue rescatado del olvido por el investigador del CONICET Patricio Donato a través de su blog Bahía sin fondo. El científico dio con una valiosa crónica del diario mexicano El Informador, fechada el 26 de agosto de 1925, donde se relataba el impactante avance de estos pioneros por tierras aztecas.
El extenso itinerario a través de 11 países del continente
El itinerario arrancó formalmente el 17 de mayo de 1925, fecha en la que Braun y Schick partieron desde la ciudad portuaria chubutense rumbo a Buenos Aires. En la capital argentina dedicaron cinco meses a poner a punto el equipamiento técnico de la moto y acopiar pertrechos antes de enfilar hacia el norte. El trazado incluyó el paso por Rosario, la frontera boliviana a la altura de La Quiaca y la posterior travesía hacia La Paz.
A lo largo de los 500 días de odisea, los intrépidos motociclistas atravesaron los territorios de 11 naciones: Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México. Tras una relevante escala estratégica en la Ciudad de México para reacondicionar el vehículo, la dupla encaró la etapa final hacia Estados Unidos para tocar la «Gran Manzana», dejando una huella imborrable que unió la costa de Chubut con el norte del continente.
