El Boletín Epidemiológico Nacional reveló un fuerte aumento de contagios en la población general y un crecimiento sostenido entre embarazadas. Pese a una baja en la sífilis congénita, especialistas advierten que persisten riesgos y demoras en el diagnóstico.
El avance de la sífilis volvió a instalarse como un problema sanitario urgente en Argentina. Según el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) N.º 781, que analiza los datos acumulados entre las semanas epidemiológicas 1 y 44 de 2025, los contagios en la población general registraron un incremento del 68% respecto de la mediana del período 2020–2024, una cifra que enciende alarmas en el sistema de salud.
De acuerdo con el reporte oficial, la sífilis en población general pasó de una mediana de 23.252 casos a 39.114 registros durante 2025. El salto de 16.862 infecciones confirma una tendencia ascendente que se viene observando en los últimos años y que afecta, principalmente, a jóvenes y adultos sexualmente activos. El informe no detalla, sin embargo, la distribución por edad o jurisdicción.
El crecimiento también se replica entre las embarazadas, un grupo especialmente sensible debido al riesgo de transmisión vertical. En lo que va de 2025 se notificaron 9.287 casos, un aumento del 10% respecto de la mediana de 8.432 del período 2020–2024. La sífilis en el embarazo continúa siendo una de las principales causas de complicaciones graves, partos prematuros y muertes perinatales cuando no se detecta ni trata a tiempo.
En contraste con estas cifras, la sífilis congénita —la infección transmitida al bebé durante la gestación— mostró un descenso del 13%, pasando de una mediana de 978 casos a 850 en 2025. Aunque el dato representa un alivio, el propio BEN advierte que estos eventos pueden presentar demoras prolongadas en su confirmación, por lo que los valores podrían ajustarse a medida que avance el año.
Si bien el boletín no analiza los motivos del incremento, las investigaciones epidemiológicas y la experiencia de especialistas apuntan a una combinación de factores: menor percepción de riesgo, disminución del uso del preservativo, prácticas sexuales sin protección vinculadas a aplicaciones de citas, falta de testeo regular y dificultades en el acceso a controles de salud sexual. En el caso de embarazadas, persisten además brechas en los controles prenatales y en la adherencia a los tratamientos.
El aumento sostenido de casos obliga a reforzar las estrategias de prevención, testeo y seguimiento en todo el país, especialmente entre los grupos más expuestos, con el objetivo de frenar la propagación de una infección que, detectada a tiempo, es completamente tratable.




