En un nuevo gesto de alineamiento con la política exterior de Estados Unidos, el gobierno de Javier Milei anunció este sábado un endurecimiento de los controles migratorios dirigido específicamente a funcionarios, militares y empresarios cercanos al régimen chavista de Venezuela.
La medida busca impedir que Argentina se convierta en un destino de asilo para el entorno del ahora capturado Nicolás Maduro.
El anuncio fue realizado por el vocero presidencial, Manuel Adorni, a través de sus redes sociales. En su declaración, Adorni confirmó que la Dirección Nacional de Migraciones ha establecido restricciones para el ingreso de ciudadanos venezolanos que hayan formado parte de la estructura jerárquica, militar o económica del gobierno de Maduro. «Los cómplices de Maduro que intenten buscar refugio en el exterior, no podrán ingresar a nuestro país. Fin», afirmó con contundencia.
El blanco de la medida: jerarcas y sancionados por EE.UU.
La decisión del gobierno argentino apunta de manera explícita a tres grupos principales. El primero son los funcionarios de alto rango del gobierno bolivariano. El segundo, los miembros de las fuerzas armadas venezolanas que hayan estado vinculados a la administración de Maduro. Y el tercero, los empresarios y figuras económicas que figuren en las listas de personas sancionadas por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.
Según Noticias Argentinas (NA), la medida fue coordinada entre diversos organismos del Estado. El Ministerio de Seguridad y Migraciones ya han reforzado los controles en los puestos fronterizos y aeropuertos para aplicar estas alertas de manera inmediata y evitar el ingreso de las personas incluidas en las listas negras.
Un paso estratégico en el nuevo escenario regional
La prohibición se enmarca en el nuevo escenario político que se abrió tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su posterior traslado a Nueva York. El gobierno de Milei busca así evitar que Argentina, como ha ocurrido en otros procesos de transición política en la región, se convierta en un destino de asilo para cuadros políticos en fuga.
La medida ha generado reacciones encontradas. Mientras desde algunos sectores políticos opositores se cuestiona el alineamiento automático con Washington, en otros ámbitos, como parte de la comunidad venezolana residente en Argentina, la decisión es celebrada como un paso hacia la «normalización» de su país de origen.
Esta política migratoria selectiva y de alto impacto diplomático confirma la profunda sintonía ideológica y estratégica que el gobierno argentino mantiene con la administración de Donald Trump, marcando una clara distancia con los gobiernos anteriores que tenían una relación más cercana con el chavismo.




