Investigadores identificaron un mecanismo que permite a ciertos cánceres evadir al sistema inmune. En pruebas preclínicas, bloquearlo redujo el crecimiento tumoral.
El sistema inmunológico funciona como una barrera constante frente a amenazas internas. Detecta células anómalas, las elimina y evita que se multipliquen sin control. Sin embargo, algunos tumores desarrollan formas de pasar desapercibidos y crecer con menos resistencia.
Esa capacidad de esconderse resulta central en cánceres complejos como los de pulmón y páncreas. Un estudio realizado por investigadores de NYU Langone Health, publicado en Nature, identificó un mecanismo que actúa como protección biológica para las células tumorales. La clave aparece en una proteína asociada a formas más agresivas de la enfermedad.
El hallazgo señala que ciertos tumores producen esta proteína cuando atraviesan situaciones adversas, como la falta de nutrientes. En ese contexto, las células activan un programa interno de supervivencia que modifica el entorno donde se desarrolla el cáncer. No se trata solo de crecer, sino de lograr que el organismo no pueda atacarlo con eficacia. De acuerdo con Infobae y LA17.
El equipo liderado por Thales Papagiannakopoulos y Shohei Koide explicó que las células cancerosas bajo estrés generan una señal de ayuda. Según describieron, “las células cancerosas estresadas han aprendido a pedir ayuda a través de la LCN2, que las protege del sistema inmunitario”. Esa protección actúa como un escudo que reduce la vigilancia natural del cuerpo.
Una vez liberada, la proteína influye sobre los macrófagos, células encargadas de coordinar respuestas defensivas. En lugar de activar una ofensiva contra el tumor, estos macrófagos se vuelven más tolerantes. Ese cambio deja a los linfocitos T, responsables de destruir tejido tumoral, con mayores dificultades para ingresar y actuar.
En los experimentos realizados en modelos animales, los científicos lograron bloquear esta proteína mediante una terapia experimental basada en anticuerpos. Al neutralizarla, el crecimiento tumoral disminuyó de manera significativa. El efecto solo se observó cuando el sistema inmune permanecía activo, lo que refuerza la idea de un mecanismo de evasión más que de crecimiento directo.
El estudio también incorporó datos en muestras humanas. Allí se observó que los pacientes con niveles elevados de esta proteína presentaban una supervivencia media menor. Esa asociación sugiere que el mecanismo está vinculado a tumores más agresivos y con mayor capacidad de escapar a las defensas.
Otro aspecto relevante surgió al combinar el anticuerpo contra esta proteína con terapias inmunoestimulantes ya utilizadas en oncología. En modelos preclínicos, la respuesta antitumoral mejoró, un dato que resulta importante en tumores sólidos que suelen desarrollar resistencia creando un entorno hostil para el sistema inmune.
Los investigadores remarcaron que el siguiente paso será determinar si este mecanismo aparece en otros tipos de cáncer y evaluar la seguridad de bloquear la proteína en personas. La evidencia todavía se encuentra en etapa experimental, pero aporta una pieza concreta para comprender cómo el cáncer manipula su entorno.
En lugar de atacar únicamente a la célula tumoral, este enfoque apunta a quitarle su capacidad de camuflaje. La posibilidad de hacer visibles tumores que hoy logran esconderse podría convertirse en una herramienta complementaria para mejorar tratamientos futuros en cáncer de pulmón y páncreas.




