La emergencia por los incendios forestales en la cordillera de Chubut ha entrado en una fase crítica. El fuego, que comenzó el 5 de enero en Puerto Patriada, ha consumido ya más de 22.300 hectáreas y amenaza ahora directamente a la localidad de Cholila.
Según reportes de los brigadistas, el incendio se encuentra «absolutamente fuera de control», impulsado por vientos cambiantes, temperaturas extremas, una sequía de dos años y gran cantidad de material combustible. Según Fm Bariloche.
La situación es desesperante para los equipos de primera línea. Los brigadistas forestales trabajan a mano para abrir fajas cortafuegos, pero sus esfuerzos suelen volverse inútiles en minutos cuando el viento rota y cambia la dirección de las llamas de forma impredecible. Este frente norte, que proviene de la zona de Epuyén, avanza hacia Cholila desde el «cañadón del río Blanco» y amenaza con dirigirse hacia un bosque de pinos que actuaría como un verdadero corredor de fuego directo hacia las viviendas del pueblo.
Un frente imparable que arrasa con todo a su paso
El incendio, que se inició en un bosque abandonado de pino invasor, ya ha causado daños devastadores. Además de las más de 22.300 hectáreas de bosque nativo y plantaciones exóticas consumidas, el fuego ha destruido más de 60 viviendas, cultivos, infraestructura productiva y un número incalculable de animales de fauna silvestre. La magnitud de la tragedia ambiental y humana es enorme.
Las condiciones climáticas no ofrecen tregua. La combinación de calor extremo, vientos intensos y cambiantes y una sequía de dos años ha creado el escenario perfecto para que el fuego se propague con una velocidad y ferocidad inusitadas. La gran cantidad de «combustible vegetal» disponible en el terreno, producto de la falta de lluvias, alimenta las llamas y dificulta cualquier intento de contención.
Cholila, bajo asedio y con un futuro incierto
Para los habitantes de Cholila, la angustia es palpable. La población ve cómo el humo denso y las llamas se acercan, conscientes de que un cambio en la dirección del viento podría llevar el desastre a sus puertas en cuestión de horas. Las autoridades provinciales y los equipos de emergencia trabajan contra reloj, pero admiten la complejidad extrema de la situación.
La defensa del pueblo depende ahora de una carrera contra el tiempo y los elementos. Mientras los brigadistas arriesgan sus vidas en la primera línea, la comunidad espera, evacua o se prepara para lo peor, rogando por un cambio en las condiciones climáticas que permita contener el avance de este infierno forestal que ya se ha cobrado demasiado.
Cholila se encuentra en la hora más crítica de su historia reciente, sitiada por un enemigo imparable: el fuego. El avance del incendio desde Puerto Patriada no es solo una noticia alarmante; es una tragedia ambiental y humana en desarrollo que pone a prueba los límites de la capacidad de respuesta. Mientras el viento sople a favor de las llamas, la esperanza de los cholilenses y la determinación de los brigadistas serán su último bastión. El país entero observa con el corazón en la mano, a la espera de un milagro climático que frene esta catástrofe que ya ha dejado una huella imborrable en la Patagonia.




