En un movimiento que promete alterar la geopolítica internacional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este jueves 22 de enero en el Foro Económico de Davos una nueva organización mundial denominada «Junta de Paz».
Según Deutsche Welle (DW), el acto fundacional del controvertido organismo contó con el apoyo de una veintena de líderes mundiales, entre ellos el presidente argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña y el húngaro Viktor Orbán, quien ya exhibió públicamente su certificado de membresía.
Un «club de élite» con un precio de entrada estratosférico
Más allá de su discurso inaugural, en el que repasó conflictos como los de Gaza, Ucrania y Venezuela, la propuesta de Trump generó un impacto inmediato por sus condiciones de acceso. Según la información oficial, para obtener un puesto permanente en la Junta de Paz, un país debe desembolsar mil millones de dólares en efectivo. Este requisito, sin precedentes en la diplomacia multilateral tradicional, ha sido descrito por algunos analistas como la creación de un «club de élite» donde la influencia política se compra directamente.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, defendió la iniciativa durante la ceremonia, argumentando que los líderes presentes son «líderes que están a favor de la acción» y calificando a Trump como «un presidente de acción».
Objetivos amplios y una sombra de rivalidad con las Naciones Unidas
Aunque originalmente fue concebida como un organismo para supervisar la reconstrucción de Gaza tras la guerra entre Israel y Hamás, los estatutos finales de la Junta de Paz no limitan su acción a ese territorio. Esta ambigüedad ha generado preocupación y especulaciones en la comunidad internacional sobre las verdaderas intenciones de la administración Trump.
El propio mandatario estadounidense declaró que la nueva entidad «trabajará con Naciones Unidas», buscando proyectar una imagen de colaboración. Sin embargo, muchos observadores interpretan el lanzamiento como un intento claro de crear una institución paralela que pueda rivalizar con, e incluso socavar, la autoridad y los procesos multilaterales establecidos de la ONU.
Invitaciones pendientes y un contexto de distensión inmediata
La presentación de la Junta de Paz incluyó una lista de invitaciones pendientes a otras figuras globales clave. Trump extendió la invitación a líderes de bandos opuestos en conflictos actuales, como el presidente ruso Vladimir Putin, su homólogo ucraniano Volodímir Zelenski, y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, así como al Papa León XIV.
Curiosamente, el lanzamiento de este organismo ocurrió en un momento de aparente distensión por parte de Washington. Un día antes, la administración Trump retiró sus amenazas contra Groenlandia, un territorio autónomo danés que había sido objeto de tensiones por su valor geoestratégico para la seguridad estadounidense.
El futuro de esta «Junta de Paz» y su impacto en el orden mundial establecido son una incógnita. Su creación marca un giro radical en la política exterior de Estados Unidos, privilegiando un enfoque bilateral y transaccional sobre el multilateralismo tradicional, lo que sin duda dará forma a la diplomacia global en los próximos años.




