Solidaridad en Cholila: vecinos se organizan para asistir a brigadistas.
En medio de una de las crisis ígneas más devastadoras de los últimos años en la Patagonia, la respuesta humana surge como el principal baluarte contra la desolación. Mientras las llamas consumen miles de hectáreas de bosque nativo y el humo oculta los paisajes que antes atraían a miles de turistas, la comunidad de Cholila ha dejado de lado sus actividades habituales para convertirse en el soporte logístico y emocional de quienes combaten el fuego. Historias de vecinos que cocinan, gestionan insumos y contienen a los afectados revelan la otra cara de una emergencia que no da tregua.
El dolor de una comunidad que protege su paisaje
La transformación del entorno ha generado un impacto profundo en los residentes. Vecinos que eligieron la zona por su tranquilidad hoy observan con impotencia cómo el verde se convierte en ceniza.
Según TN, algunos pobladores manifiestan que antes acudían a los miradores locales para admirar la naturaleza y ahora solo lo hacen para dimensionar el avance del desastre. En este contexto de incertidumbre, la prioridad se ha desplazado de la búsqueda de culpables hacia la acción inmediata para mitigar el avance de los focos que acechan a las viviendas.
Cocina solidaria y gestión de insumos críticos
Ante las carencias en los operativos oficiales, la organización vecinal ha suplido necesidades básicas de forma espontánea. María, una vecina y cocinera de la localidad, es un ejemplo del compromiso civil: de manera voluntaria, coordina la elaboración de desayunos, almuerzos y cenas para grupos de entre 40 y 50 personas, incluyendo brigadistas, policías y voluntarios civiles.
Este esfuerzo comunitario es el que garantiza que quienes trabajan en la zona de El Blanco reciban alimentación diaria, muchas veces gestionando donaciones de recipientes y utensilios básicos ante la falta de descartables oficiales.
Abandono en zonas aisladas y falta de recursos
La situación es especialmente dramática en los nuevos asentamientos y áreas periféricas de Cholila. Se ha denunciado que familias con niños pequeños se encuentran prácticamente aisladas y sin elementos básicos para subsistir, como cacerolas o alimentos.
Además de la comida, la gestión de combustible para las herramientas de combate ha recaído en la presión ciudadana; los propios vecinos utilizan aplicaciones de mensajería para conseguir nafta para los brigadistas en tiempo récord. La crítica vecinal apunta a una burocracia estatal que, en ocasiones, dificulta la llegada de la ayuda comunitaria a los sectores más necesitados.
La esperanza puesta en el clima
Con el fuego alojado profundamente en las raíces del suelo, la expectativa por las precipitaciones es constante, aunque los pobladores saben que una lluvia ligera no alcanza para extinguir el calor acumulado en el subsuelo.
Mientras se espera el alivio climático, la red de solidaridad conformada por los habitantes de la Comarca Andina sigue siendo el único sostén real para los combatientes. La convicción es clara: en momentos de crisis extrema, el tejido social de Cholila demuestra que la unión de la gente es la herramienta más poderosa frente a la desidia y el fuego.




