El primer mes de 2026 disparó los niveles de deuda en CABA y el Conurbano, con picos críticos del 42% en la Costa Atlántica. La expensa promedio en la Ciudad ya supera los $316.000 y muchos consorcios financian su funcionamiento postergando pagos a proveedores.
El bolsillo de los propietarios e inquilinos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa un escenario de fragilidad financiera creciente. Según los últimos reportes de cámaras de administradores, la morosidad en el pago de expensas ha consolidado una tendencia alcista, alcanzando un promedio del 20% general, aunque con picos que ya tocan el 31% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Según pudo saber Noticias Argentinas , a pesar de que el ritmo de aumentos en 2025 mostró una desaceleración respecto al crítico 2024, la capacidad de pago de los hogares parece haber llegado a un techo.
Una expensa promedio de $316.390 en CABA
Con una expensa promedio en CABA que ya se ubica en $316.390, la prioridad de los copropietarios en la pirámide de gastos mensuales ha comenzado a mutar, postergando el cumplimiento con el consorcio frente a otros compromisos considerados más urgentes.
El fenómeno no es solo contable, sino también social. La morosidad está disparando los conflictos de convivencia y el inicio de ejecuciones de expensas por vía judicial.
El «efecto enero» y la presión de los servicios
El primer mes de 2026 dejó al descubierto una fragilidad financiera preocupante. Administradores de consorcios advirtieron que los niveles de deuda se dispararon tras las fiestas, con picos alarmantes en zonas turísticas como la Costa Atlántica, donde la falta de pago llegó a tocar el 42%.
La estructura de costos de los edificios se ve presionada por tres frentes que los administradores definen como «inflexibles»:
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Servicios públicos: Las facturas de AySA y las prestatarias de gas impactan con fuerza, especialmente en inmuebles que cuentan con servicios centrales de calefacción y agua caliente.
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Paritarias: El ajuste en los sueldos de los encargados de edificios sigue siendo el componente de mayor peso en la liquidación mensual.
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Mantenimiento: Los contratos de abonos (ascensores, bombas e infraestructura) se mantienen al ritmo de la inflación técnica.
Si bien la inflación acumulada del año (31,5%) fue ligeramente inferior al aumento de las expensas (34,7%), ese desfase de tres puntos, sumado al arrastre de deudas previas, ha vuelto la situación insostenible para muchos sectores de la clase media.
Edificios «en pausa» y deudas con proveedores
La falta de liquidez ha forzado a los consejos de propietarios a tomar medidas de emergencia. Para evitar el colapso, muchos consorcios están financiando su operatividad mediante deudas con proveedores, postergando pagos no urgentes para priorizar sueldos y servicios básicos.
Esto ha derivado en un freno casi total a las obras de mejora. Los edificios se limitan a realizar arreglos «de supervivencia» o urgencias extremas, postergando tareas de pintura, impermeabilización o renovación estética.
En este contexto, la Costa Atlántica presenta el panorama más desolador, con niveles de morosidad que treparon al 42% durante la temporada, un dato que evidencia el impacto de la crisis económica incluso en zonas de alta afluencia turística.
Un problema estructural
La escalada de la morosidad en expensas no es un fenómeno pasajero, sino que refleja un problema estructural en la economía de los hogares argentinos. Con ingresos que no logran seguir el ritmo de los aumentos de servicios y salarios de encargados, cada vez más familias se ven obligadas a elegir qué cuentas pagar, y el consorcio suele quedar al final de la lista.
El desafío para los administradores y consorcios en los próximos meses será encontrar mecanismos para sostener la operatividad de los edificios sin trasladar toda la presión a los propietarios e inquilinos, en un escenario donde la morosidad no da tregua.




