El salario privado cae 6,7% y crece el pluriempleo en Argentina.
El escenario para los trabajadores del sector privado formal en Argentina presenta señales de alerta que impactan directamente en la vida cotidiana. Durante el último año, el poder adquisitivo de quienes tienen un empleo registrado ha sufrido un retroceso significativo, obligando a miles de familias a reconfigurar su economía doméstica. Esta pérdida de capacidad de compra, que los ajustes paritarios no logran compensar, está transformando la estructura del mercado de trabajo nacional.
El impacto de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo
La realidad de los indicadores laborales actuales refleja una contracción salarial que llega al 6,7%. Esta cifra evidencia cómo el costo de vida ha superado sistemáticamente a las remuneraciones acordadas. Según Cronica, el salario real de los trabajadores privados formales ya había mostrado una caída del 1,5% en mediciones previas del Indec, consolidando una tendencia de deterioro que no encuentra piso frente a la escalada de precios de la canasta de consumo.
El informe detalla que las pérdidas no fueron uniformes, golpeando con mayor dureza a sectores específicos. La industria Textil registró un retroceso del 10,5%, mientras que el sector de Enseñanza bajó un 6,9% y los Servicios Inmobiliarios un 7,5%. Casos más extremos se observan en el rubro Aeronáutico, con una pérdida del 23%, y en las actividades relacionadas con la Pesca, que cayeron un 22,5%. En contrapartida, solo sectores de altos ingresos como Minería (+16%) y Bancarios (+10,5%) lograron ganarle a la inflación.
La respuesta de los trabajadores: pluriempleo y más horas
Ante la insuficiencia de un sueldo único para cubrir la canasta básica, ha surgido con fuerza el fenómeno del pluriempleo. Cada vez es más frecuente que los empleados opten por sumar una segunda o tercera actividad laboral para intentar sostener sus niveles de consumo. Esta necesidad de apuntalar los presupuestos mensuales ha derivado en un mercado laboral donde el esfuerzo se multiplica, pero la recompensa real se estanca.
No solo se busca más de un empleo, sino que también se registra una notable extensión de la jornada laboral en los puestos actuales. El personal operativo está aceptando una mayor carga de horas extras y extensiones de turno con el único fin de mejorar el ingreso de bolsillo. «Trabajar más no necesariamente se traduce en vivir mejor», concluye el análisis, subrayando que, aunque la productividad y la carga horaria suben, el valor real de la hora de trabajo sigue perdiendo terreno.
Un esquema de mayor esfuerzo y menor recompensa
Este panorama configura una realidad agotadora para la clase trabajadora. El incremento en las horas trabajadas sugiere una presión creciente sobre la salud y el tiempo de descanso de los empleados. La disparidad entre los rubros mejor posicionados y aquellos que sufren ajustes de doble dígito profundiza la brecha salarial, dejando a los sectores de menores ingresos en una situación de vulnerabilidad extrema.
La consolidación del pluriempleo como estrategia de supervivencia marca un cambio de paradigma en el empleo formal argentino. Mientras el costo de vida siga avanzando por encima de los acuerdos salariales, el trabajador promedio se verá obligado a continuar cediendo horas de su vida personal para intentar alcanzar una estabilidad económica que, por ahora, parece esquiva.




