El consumo con tarjetas de crédito sufrió una fuerte caída en enero.
El inicio de 2026 trajo consigo señales de enfriamiento para la economía doméstica en Argentina. Tras un cierre de año marcado por el movimiento de las fiestas, el uso de tarjetas de crédito registró una baja significativa durante el primer mes del año, reflejando el impacto de la pérdida de poder adquisitivo y el elevado costo del financiamiento. Según los datos del mercado, los argentinos han comenzado a restringir el uso del plástico para sus compras cotidianas en pesos, optando por una postura mucho más cautelosa frente al endeudamiento.
Los motivos detrás del retroceso en las compras en pesos
Las estadísticas de financiamiento en moneda local muestran una tendencia preocupante para el sector comercial. Según Fashion Network, las financiaciones en pesos registraron una caída real mensual del 3,8 %, lo que marca un quiebre respecto al dinamismo observado en diciembre. En términos nominales, el stock total se ubicó en los 23.000 millones de pesos, lo que representa una baja del 1,4 % frente al mes anterior y evidencia un estancamiento si se lo compara con el ritmo inflacionario.
Ajustado por el índice de precios, el saldo de consumos financiados creció apenas un 6,9 % interanual. Los analistas sostienen que las tasas de interés actuales actúan como un muro para la expansión del crédito. “Luego de un diciembre más activo, enero mostró un retroceso y confirma que los saldos prácticamente no se movieron en los últimos 12 meses”, explicó de manera textual Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, resaltando la parálisis que afecta al sector.
El contraste: fuerte repunte del gasto en moneda extranjera
Mientras que el consumo interno en pesos se retrae, el comportamiento de las tarjetas de crédito en dólares mostró una dinámica completamente opuesta. Durante enero, el saldo financiado en moneda extranjera experimentó un salto del 19,9 % mensual, alcanzando un total de 875 millones de dólares. Este fenómeno se explica principalmente por la temporada de vacaciones y la salida de argentinos hacia destinos internacionales.
El incremento interanual en este segmento fue del 1,3 %, impulsado de forma directa por el turismo en el exterior y las compras digitales en plataformas fuera del país. Esta brecha entre el consumo local y el gasto en divisas pone de manifiesto una dualidad en la economía argentina: mientras el consumo masivo interno se estanca por el costo financiero, los sectores con capacidad de ahorro o acceso a dólares mantienen su nivel de gasto vinculado al esparcimiento internacional.
En conclusión, el panorama para el crédito al consumo en Argentina sigue siendo desafiante. Con tasas que no ceden y un stock de deuda en pesos que no logra superar a la inflación en términos reales, el inicio del ciclo 2026 plantea interrogantes sobre la recuperación del mercado interno en el corto plazo.




