Hallazgo de Sofía Devries: la justicia investiga el ascenso fatal.
La conmoción se apoderó de Puerto Madryn este miércoles por la tarde tras confirmarse el hallazgo del cuerpo de Sofía Devries, la joven de 23 años que era intensamente buscada desde el lunes. El operativo, que mantuvo en vilo a toda la provincia de Chubut, finalizó en la zona de Punta Cuevas, donde equipos de rescate localizaron a la buzo sin vida. Ahora, el foco de la investigación se traslada a los laboratorios y despachos judiciales para determinar con precisión qué ocurrió en las profundidades del Golfo Nuevo durante una práctica de certificación profesional.
El hallazgo y la reconstrucción del incidente
El operativo de búsqueda, que fue la prioridad absoluta de las fuerzas de seguridad durante 48 horas, concluyó con el peor de los finales. Según La17, el cuerpo fue recuperado en un sector cercano a donde se reportó el incidente inicial. La joven se encontraba realizando una inmersión a unos 20 metros de profundidad como parte de una certificación internacional PADI de nivel avanzado. De acuerdo con las fuentes del Ministerio Público Fiscal, la principal hipótesis sugiere que Sofía sufrió una descompensación repentina que le impidió regresar a la superficie por sus propios medios.
El «corazón» de la investigación judicial
El jefe de fiscales de Puerto Madryn, Alex Williams, ha sido cauteloso al definir el rumbo del expediente, señalando que el núcleo de la causa es determinar si existió un factor externo o si se trató de un evento propio de los riesgos intrínsecos de la actividad. Williams afirmó textualmente que: «Eso se está investigando, eso no está resuelto, es parte de la investigación, es el corazón de la investigación». Para los peritos, reconstruir los minutos previos a la descompensación es vital, aunque el fiscal reconoció que los relatos de los testigos están «condicionados por esa situación angustiante», lo que requiere un análisis técnico y forense mucho más riguroso.
Certificaciones internacionales y protocolos de seguridad
El caso ha puesto bajo la lupa los protocolos de las escuelas de buceo que operan en la ciudad. Se supo que el grupo pertenecía a una institución foránea que contrató a una operadora local habilitada para realizar la práctica. No se trataba de un «bautismo» turístico, sino de una formación para obtener el grado avanzado que permite descender hasta los 30 metros. La justicia ya analiza si se cumplió con la presencia obligatoria de las dos figuras de seguridad requeridas: el instructor y el «máster» supervisor. «Lo que transmite es que hay una situación de crisis cuando se está produciendo el ascenso y no logra salir», detalló Williams sobre el cuadro que terminó con la vida de la joven.




