Obispo de Rawson pide proteger la región de una «Patagonia arrasada».
En un contexto de profunda sensibilidad social y ambiental, el obispo de la Diócesis de Rawson, monseñor Roberto Álvarez, emitió un contundente documento pastoral titulado «En tierra fértil». En su reflexión, el prelado aborda la compleja realidad que atraviesa la región, marcada por la conflictividad y el sufrimiento de los sectores más postergados.
Su mensaje no solo es un llamado a la paz social, sino una advertencia sobre los riesgos que corren los recursos naturales y la cohesión de la comunidad frente a proyectos que priorizan intereses sectoriales por encima del bienestar común.
Un paralelismo histórico sobre la persecución y la fragilidad
El monseñor Álvarez propuso una lectura evangélica y serena de los conflictos actuales, exhortando a la dirigencia y a la sociedad a evitar discursos que profundicen la grieta. Según El Chubut, el obispo utilizó el histórico incendio de Roma del año 64 para graficar cómo, ante tragedias complejas, la cuerda suele cortarse por lo más delgado.
En aquel entonces, la persecución y la culpa recayeron sobre los cristianos, una minoría indefensa; hoy, el prelado advierte que “la persecución recayó sobre los más frágiles: los pobres, los descartados”.
Esta analogía sirve para denunciar la búsqueda de «chivos expiatorios» en medio de las crisis, señalando que la falta de planificación y la improvisación son los verdaderos caldos de cultivo para las catástrofes. Álvarez insistió en que aprender de las crisis pasadas es fundamental para prevenir futuras tragedias, remarcando que las reglas claras y la transparencia deben ser el norte de cualquier gestión territorial.
El riesgo de la devastación por intereses económicos
Uno de los puntos más álgidos del documento es la preocupación por el futuro del territorio sureño. El obispo manifestó su inquietud ante iniciativas que, impulsadas por ambiciones económicas, cegueras ideológicas o resentimientos, podrían derivar en una “Patagonia arrasada”. Para monseñor Álvarez, los bienes naturales tienen un destino universal y deben beneficiar al conjunto de la sociedad, no a un grupo reducido de poder que actúe bajo una falsa premisa de progreso.
En este sentido, hizo hincapié en el compromiso de quienes hoy enfrentan situaciones extremas en la comarca andina, arriesgando su vida por el bien común. Sostuvo con firmeza que no es momento de “echar leña al fuego” mediante un lenguaje violento, ya que, cuando las llamas se apagan, los que quedan en el desamparo absoluto son “los pobres, los despojados y los olvidados”.
Un llamado a la responsabilidad y la justicia real
El cierre de la reflexión pastoral es un pedido directo a la responsabilidad colectiva. Monseñor Álvarez instó a que las investigaciones sobre los siniestros y problemas sociales se lleven adelante con rigurosidad, pero sin caer en la injusticia de “convertir a las víctimas en culpables”.
El cuidado de los más vulnerables aparece, así, como el único camino ético para reconstruir el tejido social de una provincia que demanda soluciones de fondo y una mirada protectora sobre su suelo.




