Dice el Martín Fierro con una verdad que retumba en los pasillos de la Casa de Gobierno:
«Muchas cosas pierde el hombre / que a veces las vuelve a hallar; / pero les debo contar / (y es bueno que lo recuerden) / que el honor lo que se pierde / jamás se vuelve a encontrar.»
Y parece que en la provincia, lo que se perdió hace rato es la brújula financiera. La gestión de Nacho Torres acaba de salir a los mercados internacionales a «tirar el lazo» para pescar U$S 650 millones, pero la tristeza es que esa plata no viene a engordar la tropilla ni a mejorar los corrales. Viene, en gran parte, para tapar los agujeros que dejó la gestión de Das Neves.

El que debe, no es dueño de su palabra
Como dice el refrán, «el que debe y paga, no debe nada», pero el problema es que en Chubut se paga con lo que no se tiene. De esos 650 palos verdes, unos 250 millones se van directito a pagar el BOCADE, ese «hijo mañero» de la era dasnevista que salió caro como perro de raza.
Aquel bono fue una trampa para osos: se garantizó con las regalías petroleras, dejando a la provincia como quien entrega la vaca antes de haberle sacado la leche. Hoy, el dinero de los hidrocarburos pasa por afuera de la provincia sin saludar, yendo directo al bolsillo de los acreedores en el Norte. «A río revuelto, ganancia de pescadores», y los de Wall Street están de fiesta mientras el paisanaje local mira el plato vacío.
La herencia: Un flete pesado
El informe de Moody’s no anda con vueltas: el 86% de la deuda está en dólares. Es como querer correr una carrera de sortija montado en una tortuga y con el viento de frente.
«Aquel que es buen domador / en cualquier pingo se asienta», dirán algunos, pero a Torres le dieron un flete que corcovea para el lado de la quiebra.
La provincia está viviendo lo que el criollo llama «desvestir a un santo para vestir a otro». Se toma deuda al 9,5% de interés para pagar lo que se firmó hace diez años. Es una bola de nieve que no para, porque mientras CABA o Mendoza consiguen tasas más amigables, a Chubut le cobran el «impuesto a la desconfianza». Como bien se sabe: «cría fama y échate a dormir».
El futuro entre la neblina
Hoy la provincia intenta despejar el horizonte hasta el 2029, pero el costo es quedar atada de pies y manos al valor del dólar y al precio del barril. El margen para escuelas y hospitales es más corto que el estribo de petiso.
Al final del día, la política criolla nos enseña que las deudas no se borran con el tiempo, se agigantan si el que administra no tiene el ojo en el ganado. El pueblo de Chubut sigue esperando que alguna vez el sol salga para todos y no solo para los que firman papeles en inglés. Porque, como sentenció Fierro:
«La ley es tela de araña, / y en mi ignorancia lo explico, / no la tema el hombre rico, / no la tema el que mande, / pues la rompe el bicho grande / y sólo enrieda a los chicos.»
Habrá que ver si esta vez el «bicho grande» de la deuda deja de enredar el futuro de una provincia que, teniendo petróleo, sigue mendigando para pagar los platos rotos de los «Jóvenes Brillantes» que resultaron ser puro vidrio.




